Alfonso Ribeiro.

Todas las personas tenemos sueños, y no me refiero a los que se sueñan por la noche o a la hora de la siesta, o cuando sea, no: me refiero a lo que, en vida, queremos ver cumplido.
Y siempre hay un sueño que es especial, uno que, cueste lo que cueste, quieres que se haga realidad.
Yo lo tenía (y hablo en pasado porque lo hice realidad el último viernes 13).
Quien me conoce un poquitín sabe que soy más simple que el mecanismo de un chupete y que mis deseos no van en consonancia a querer tener un casoplón del quince, un yate con 50 metros de eslora o un “Testarosa” que ni sé escribirlo pues el mundo del motor no me llama. Porque no quiero saber nada de armatostes que lleven ruedas. Y esto me vine de lejos, de cuando me caí de criuca del triciclo y me rompí un tobillo y la muñeca izquierda. Como para reconstruirme las articulaciones tuvieron que operarme cinco veces me quedaron unos costurones que ni la novia cadáver. Y al ser zurda me fastidié pero bien, y eso que ya estaban fastidiándome las monjas en el colegio pues cuando escribía o pintaba me daban en la palma de esta mano para que cogiera el bolígrafo, los lapiceros y rotuladores de colores con la otra. Pero bueno a ver, desde la caída no puedo ver ni en foto nada que tenga ruedas. Y encima, como en mis neuronas el recuerdo de este accidente de la infancia debe de estar conectado a los de cuando no me dejaban escribir con la mano izquierda… Adiós. No veáis como me remonto* cuando veo a una religiosa en autobús… Se me cruzan los cables…
Mi madre y mi marido me tienen dicho: niña, ve a un psicólogo y háztelo mirar que esto tuyo no es normal.
Y a ver otra vez, que con el rollo de las ruedas, los recuerdos y la leche que le dieron al conductor donde van las monjas se me ha ido el santo al cielo.
Lo que quiero contaros es cómo se hizo realidad mi sueño especial.
He aquí pues el momento más épico de mi vida.
Como todos los domingos -en sesión de tarde- estábamos Carlos y yo en el cine a la espera de que comenzara la película. Era una de la saga Men in Black que como bien sabréis la protagoniza Will Smith, quien también protagonizara la divertida serie estadounidense de El príncipe de Bel – Air.
A falta de unos minutillos para que se apagaran las luces, las canciones que iban saliendo por los altavoces servían de entretenimiento. Y fue estando allí sentada que los recuerdos que se almacenan en mi cerebro me asaltaron. Ay, cuánto me reí con aquel capítulo del príncipe de Bel – Air. Sí sí, con ese donde el primo de Will Smith -Carlton Banks, interpretado por el actor Alfonso Ribeiro- canta y baila It´s not inusual (No es inusual) de Tom Jones. Jolines ¡El chaval lo vive!
Desde que viera la escena con esta canción se me grabó en la cabeza. Y cosas de la vida que It´s not inusual suelen ponerla en los cines.
-Sabes qué, que yo no me puedo morir sin antes echarme un baile en la sala de cine al ritmo de Tom Jones-. Le tenía dicho yo a mi Carlitines y a Emilio, que es un amigo y compañero de trabajo al que le chifla este artista.
-Capaz eres-. Me dijo Emilio una vez.
-Cómo lo sabes.
-Eso lo tengo que ver yo con estos ojitos.
-Conociéndola como la conozco, lo verás, lo verás. Sino, al tiempo-. Le dijo Carlos.
-Pues sí-. Dije yo .-Y ojalá que el día que la baile, que será bajo la pantalla, en la sala haya tanta gente que no entre ni un alfiler.
Y ocurrió.
“Ta tará ta tará ta tará” Oía yo… It´s not inusual i be loved by anyone, “tarararará”. It,s not inusual…
Bueno bueno bueeenooo. Me levanté de la butaca, y bajando de dos en dos las escaleras, me planté en mitad de la sala y me puse a mover el esqueleto, no sin antes presentarme. Y mientras le daba al bailoteo los espectadores -móvil en mano- me sacaron fotos y grabaron mi momento estelar.
Terminó la canción y me fui a mi asiento. Las luces se apagaron, y con ellas, el rumor de las risas que había provocado mi baile.
Finiquitado el film, salimos.
En casa, y al entrar en Facebook, me llevé una gran sorpresa: muchos espectadores habían subido a las redes sociales y a sus canales de YouTube las grabaciones.
A la mañana siguiente uno de los vídeos, al que habían rotulado Bailando bajo el cine, se había hecho viral. Y mi baile tuvo millones de likes en Internet y se hizo más famoso que el vídeo clip oficial de It´s not inusual.
Ese día recibí más de 1500 solicitudes de amistad en Facebook; al messenguer no pararon de entrar mensajes. Aquello fue una locura.
Total, que como siendo ya famosa yo quería ser anónima, cerré la cuenta de Facebook y el mesenguer. Poco logré: mi teléfono y la aplicación de wasap se colapsaron a llamadas y mensajes de texto.
Por la tarde, al abrir el correo… Uf, en la bandeja de recibidos tenía 2001.
Había hecho realidad mi sueño, pero lo que nunca pude imaginar es las consecuencias que el momento épico traería a mi vida.
La situación me sobrepasaba, pero marido me tranquilizó:
-Tú tranquila, voy a tomar yo las riendas. Entonces colgó un vídeo en Instagram donde decía “por cada like que deis al vídeo de Anchoíta, yo iré de noche montado a caballo a vuestras casas y me pondré a cantar y no podréis pegar ojo porque canto peor que un grillo. Advertidos estáis”.
Bueno, pues ahora, además de seguir dándome la lata, él también se ha hecho famoso. Cada vez que se pone de madrugada bajo las ventanas para cantar, la gente -al tiempo que lanzan hortalizas- le graban para colgarlo en la red. Y esto parece el día de la marmota porque cuantos más likes me dan a mí, más tiene que ir a cantar él. Y cuanto más tiene que ir a cantar él, más likes me dan a mí.
No sé a vosotros pero, esto de haber cumplido el sueño de mi vida rentarme, lo que se dice rentarme, no me ha rentando. Ahora, al que subió el vídeo Bailando bajo el cine por lo visto sí le está rentado. Desde que lo subiera no han parado de suscribirse usuarios a su canal y se ha forrado pues tiene más de veinticinco mil seguidores.
Y digo yo ¿Desde cuándo es normal que uno se haga millonario a cuenta de otro?
Y otra cosa que le dije a Carlos:
-Dijiste literalmente “voy a tomar yo las riendas”.
-¡Y las tomé!-. Exclamo .-¿Con qué te crees tú que iba sujeto a lomos del caballo?

Remonto -del verbo remontar- es usado por lo cántabros como sinónimo de enfadar.

(Publicado el 2 de febrero, Día de la Marmota).