Écija, la Sartén de Andalucía.

El viernes, 8 de julio, Carlitines y yo estábamos de vacaciones haciendo un viaje por tierras andaluzas.
Con la fresca (es un decir ya que estábamos inmersos en una ola de calor), habíamos salido en coche de la ciudad de Sevilla e íbamos hacia la de Córdoba. Y como teníamos unas urgencias urinarias, y esas cosucas, y queríamos tomar algo, paramos en el Área de Servicio de Los Potros.
Al entrar en el restaurante vendían polvorones de Utrera. Y por no poder resistir la tentación compré uno.
Ya sentados, y viendo a los lejos un Toro de Osborne, le dije a mi marido que me iba a comer el polvorón a la salud de San Fermín; y que además -metida en faena-, le iba a demostrar cómo se puede decir Pamplona con la boca llena.
Y así fue. Y así sucedió.
Tras el suceso volvimos a la carretera. Y como de camino se pasa por el pueblo sevillano de Écija, conocido como la Sartén de Andalucía, entramos para visitarlo.

Ya en Écija fuimos a la Oficina de Información y Turismo porque si algo quería ver yo era el monumento a la Sartén.
Pero cuando entré en la oficina a preguntar, con mucha educación, por la Sartén de Écija, la muchacha que atendía me mandó al carajo mientras me sacaba a gorrazos de allí.
Visto lo visto, estuvimos dando vueltas como los molinos por el pueblo, pasando un calor… (A mí se me cocían los pies y a mi marido los huevos). Y por más vueltas que dimos, no dimos con el monumento a la Sartén. Ahora, casas y palacios hay a punta pala; e iglesias llenas de vírgenes… Luego dirán que en España no hay vírgenes. Sí que las hay, sí. Están todas en las iglesias del sur de España.

Y visto lo visto, que no hay monumento a la Sartén, recién llegué a mi casa escribí una carta dirigida al alcalde de Écija, para que haga el favor de tener más seriedad y mande poner una, que es lo que tiene que hacer, ea.
Porque si a Écija se le conoce como la Sartén de Andalucía, es de recibo que tenga un monumento. Porque no hay derecho que uno vaya con toda la ilusión del mundo a Écija a ver la Sartén y no la haya (que iba yo más contenta que un niño chico a ver los juguetes y regalos que le han traído los Reyes Magos) y ahora tengo una pena muy grande. Porque en un país en el que se le hace un monumento a todo, que hasta hay una escultura llamada Burro Grande en el municipio cordobés de El Carpio (la vimos nosotros desde la carretera), la Sartén también tiene derecho a tener el suyo.

Y también, visto lo visto, el último día del viaje entramos en Consuegra en la provincia de Toledo en Castilla-La Mancha… Porque a falta de Sartén, buenos son los Molinos de Viento.
Y esa es otra, ¿Quién es el que le pone los nombres a los pueblos en este país? Seguro que el mismo que manda poner las esculturas y los monumentos. Pues qué a gusto se debe de quedar el tío, caguen la mar.
(Por cierto, y hablando de monumentos, en Consuegra hay una rotonda con un tricornio dedicado a la Guardia Civil).

Rotonda dedicada a la Guardia Civil. Consuegra. Toledo. Castilla La-Mancha. España. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.