Juan Salazar (Los Chunguitos).

Ayer por la mañana me mandó la parienta ir al mercado de Moratalaz a comprar tomates. Y yo, que soy una calamidad, casi me vuelvo majara buscando por los puestos del mercado, y nada, no hubo manera de encontrarlos.
Harto de dar más vueltas que un mariquita por la playa de Chiclana de la Frontera salí del mercado y me metí en uno de los bares en los que suelo alternar y pedí un café.
-¿Te echo orujo?-. Me preguntó el dueño, que me conoce como si me hubiera parido.
-Echa ahí-. Dije yo.
-Pues venga un chorrito.
-Eso, echa echa-. Animó una voz hombruna con acento gitano .-Échale la botella entera “pa” ver si se contenta que trae cara de “estreñio”.
-¡Qué dices tú!-. Exclamé yo .-“Estreñio” estarás tú. Y gordo, porque de llevar gorra no te haría falta bolsa ninguna “pa” llevar cinco kilos de patatas que trajeras del “mercao”.
-Ay el payo, “andeve”. Ja me maaaten, me dice gordo a mí-. Y señalando la puerta del bar añadió .-“Sus” has visto como estás tú, que de seguro no cabes por la puerta esa y has “entrao” de canto.
-Dioni, ni caso le hagas a este-. Dijo el dueño .-No ves que está algo “cabreao”, por el canto además.
-En parte sí ¡Como “pa” no estarlo!
-¿”Capasao”?
-Que va a pasar, “pos” lo de siempre, que las cosas no salen primo, no salen; que ya no vendemos discos ni en las gasolineras. Y el puestecino que tenemos en el mercadillo a medias mi hermano y yo con los Chichos no da “na”. Bueno, sí da: disgustos. Y cuatro “yuros” de vender “malacotones”; pero los plantones de tomate no los quiere “naide”. Y ahí los tengo, muertos de asco en la “fragoneta”.
-¿Plantones de tomate dices que tienes?-. Pregunté yo.
-Sí. Ahí están, en la “fragoneta”. Y si no los vendo mi mujer me mata.
-Pues ya puedes ir sacándolos de la “frago”, digo furgoneta, que al que van a matar es a mí.
-¿Y eso?-. Preguntó otro que andaba por allí y no le habían dado vela en el entierro.
-Coño, este dice que le mata su mujer si no vende los tomates y a mí me va a matar la mía como me presente en casa sin ellos. Toda la santa mañana llevo dando bandazos por el “mercao” buscando tomates. De dar tantos ando “mareao” y parece que lleve una borrachera del demonio y encima sin haber bebido. Vamos, que hay que ser “desgraciao”.
-“Pos” sí primo, “pos” sí: estar borracho sin haber “bebio” es de ser un “desgraciao”-. Dijo el de los Chunguitos -.Pero estos “poblemas” los soluciono yo ahora mismo, vamos, como que me llamo Juan.- Y dando unas voces que ni los condenados a muerte grito-. ¡A ver, “sus” vente conmigo y coge de la “fragoneta” todos los plantones, y me los vas a pagar invitándome a un par de cubatas y así matamos dos pájaros de un tiro, porque ni a mí me mata mi mujer ni a ti la tuya, y te agarras una buena curda! ¿Te parece bien?
-Me parece bien. Y ya que hablamos de pagar y de pareceres te voy a decir una cosa: que tú pagues tus cabreos conmigo no me parece nada bien.
-Tranquilo, que ya no pago más mis cabreos contigo.
-Muy bien. A ver si es verdad.
-Pues ea, hablando se entiende la gente. Y ya está “to” dicho.

Al final nos liamos, nos liamos, o me dejé liar o me líe yo solo. La cuestión, que Juan y yo nos pusimos a jugar al tute y se nos unió el que andaba por allí, al que no habían dado vela en el entierro pero cosas de la vida cada vez que perdía echaba unas blasfemias que nos mataba del susto y del miedo que nos daba nos poníamos a rezar. Y entonces parecía que los que estábamos velando a algún muerto éramos nosotros dos.
Y bueno, eso, que llegué a mi casa con una borrachera de escándalo (pero con los tomates).