Imagen del emoticono sorprendido.

La tarde del martes 23 de octubre (año 2018) estaba yo en mi casa, feliz de la vida, tirado en el sofá del cuarto de estar en plan relax cuando de repente oí sonar el teléfono fijo, que está en la otra punta. Tras levantarme y caminar el pasillo kilométrico, entré en el salón y descolgué el auricular del aparato.
-¿Diga?
-Sí, hola, mire: buenas tardes. Le llamo en nombre de la Asociación de Agricultores Gallegos. Llamo para ofrecerle una oferta única: le ofrecemos cinco kilos de patatas por 7,20 euros.
-No me interesa-. Dije yo.
-Ya pero mire, es que también le ofrecemos después un bono de 7,20 para cuando haga el próximo pedido. Así que el primero le sale gratis. Además las patatas son ecológicas y el envío a domicilio es gratis.
-Ya; pero no me interesa-. Entonces el señor dijo .-Ya veo que usted no está interesado en ayudar a los agricultores gallegos.
-Vaya. Pues a ver cómo me explica usted a mí como siendo agricultor gallego tiene ese acento andaluz-. Se lo pregunté dos veces. Nada, no me contestó y lo último que escuché fue “pi pi, pi pi, pi pi, pi pi” porque colgó.
Y bueno ¿Esto es verdad o son engaños? A mí no me cuadra y no me salen las cuentas porque si el primer envío sale de balde ¿Dónde está la ganancia? Luego pasa lo que pasa, llaman a domicilios de personas mayores soltando rollos y claro, los pobres caen en la trampa como chinches.
Y esa es otra ¿De dónde sacó el número de teléfono? Y ya para rematar ¡El acento andaluz que tenía! Para ser agricultor gallego no sé yo. A ver, que me enteré yo: ¿desde cuándo en Galicia se habla con acento andaluz?
Madre mía, “pa” ir a mear y no echar ni gota.

NOTA: la llamada se realizó desde un número privado.