A diario, escucho descalificaciones del Cuerpo que represento.
Tus palabras ensucian el noble uniforme que llevo.
Tus comentarios me hacen daño porque no se ajustan a la veracidad de los hechos…
Pues… ¿Si tan malo soy para ti… Por qué cuando no encuentras solución al problema sueles recurrir a mí? ¿No piensas que es incoherente tu modo de proceder?
Y es que… ¿Yo, concretamente, como persona que soy, te causé dolor a ti?
Entonces… ¿Por qué eres tan injusto conmigo? No me hagas a mí lo que no quieres para ti.

 

Cada noche, en la madrugada me espera desolación.
El caos que provoca tu miedo se calma con mi presencia.
…Es algo mágico, lo más parecido a un milagro.
Tú me buscas a mí… Otras, soy yo quién va en tu búsqueda.
No soy un Dios que todo lo sabe y cura;
sin embargo, que no te quepa la menor duda:
aun a sabiendas de que me has denigrado, injuriado y/o insultado…
Siempre acudiré a tu llamada para intentar sacarte de la peligrosa situación que te acorrale.

Por favor, si me lo permites, quisiera terminar diciendo lo siguiente:
nunca muerdas la mano que te da de comer.
Porque aunque no seamos amigos, recuerda que el enemigo nunca seré yo.
Los enemigos son otros… Los que precisamente te quitan tus derechos, y de poder, te lo arrebatarían todo.