Dientes y dinero.

Cuando se compra una propiedad -en nuestro caso un apartamento- siempre hay que hacer mejoras: que si tiene que venir el pintor a pintar, que si a ver si viene el carpintero a medir los armarios para poner unas cajoneras; que si hay que llamar al aluminista para que vea la terraza y las posibilidades…
En fin, que es un no parar de gastar dinero.
Y en ese no parar ha tenido que venir un muchacho a poner unos apliques… Ojo el tío, hasta que se ha dignado a venir. Le he tenido que llamar catorce veces y ni por esas veía el día que viniera a casa a ponerlos.
-Como se nota que no les falta trabajo-. Le he dicho a Carlitines .-Si no lo tuvieran verías tú cómo perdían el culo por venir; pero como les sobra la faena hay que andar tras ellos como gatos en celo.
-Ya-. Ha dicho Carlos.
-Aunque a este hombre, lo que le sobra por un lado le falta por el otro.
-Explícate, Carolinuca.
-¿No te has fijado en él?
-No. Normalmente me suelo fijar en las mujeres.
-Pues muy mal. Porque si te hubieras fijado en él entenderías lo que te digo.
-Ah.
-Y qué pasa ¿Tampoco le has escuchado?
-¿El qué?
-Joder, Carlitines, parece que estés puesto por el ayuntamiento…
-Carolineta, bastante tengo yo con estar a mis cosas…
-Ya, ya, a tus cosas. Pensando en culos.
-Por ejemplo.
-¿No has escuchado lo que ha dicho cuando le he preguntado? Que vas a escuchar… Le he preguntado qué cuántas horas trabajaba al día y que si se iba de vacaciones. Y el hombre ha dicho que trabaja ocho horas, siete días a la semana y que nunca libra.
Y tras las respuestas, al escucharle el timbre de voz me he fijado bien en él. Y ahí es cuando me he preguntado: ¿para qué querrá este muchacho trabajar tanto?
-Para ganar dinero.
-Sí ¿Y de qué le sirve ganar tanto dinero si no tiene dientes?
-¿En eso te fijas tú?
-Carlitines, es que para darse cuenta de que no tiene dientes ni siquiera hay que fijarse, con oírle ya uno se da cuenta de ello.
-Pues déjale, él sabrá por qué no los tiene.
-Sí, sí. Él sabrá; pero la que no lo sabe soy yo. Es que ni uno ¡No tiene ni uno!
-Chica, pues si tanto te preocupa que no tenga dientes, dale tú unos pocos de los tuyos. De todos modos, aunque quisiera ponérselos tampoco podría, ¿No ha dicho que nunca libra?