Ovejas.

Hace unas horas me ha llamado por teléfono mi amiga Conchita para felicitarme por mi 49 cumpleaños. Pero a mí no me engaña, porque con la excusa del cumpleaños -que encima fue ayer- me ha contado su última batallita… Que bueno, tampoco me importa que busque excusas… Si me llama para contarme batallitas, me entretiene.

Y Conchita me ha contado así:
-Anchoíta, no sé si te conté que conocí a un señor por Facebook. Me dijo que se llamaba Cleofás y que vivía en Florida-. Mal empezamos, pensé para mí, llamarse Cleofás y vivir en Estados Unidos…
-¿Cuántos años tiene?-. Pregunté.
-Los mismos que yo, sesenta y nueve.
-Como el número erótico, Conchita.
-Pues de erótico tiene lo mismo que yo de monja.
-¿Y eso?
-Bueno, a ver, Anchoíta. Te harás a la idea de que a ciertas edades una no puede andar perdiendo el tiempo y hay que ir a tiro hecho ¿No?
-Ah, sí. Claro, claro.
-Pues este hombre me ha hecho perder el tiempo. Porque después de haber estado tres meses hablando con él por la red social y haberme engatusado… No veas qué pamplinerías tiene con tanto: ay, mi amor, ay, mi reina y ay, mamita. Y haberme querido vender la moto diciendo que si soy arquitecto y multimillonario y que voy a ir a verte a Santander… Viene el día de venir a verme…
-No me digas más, te ha engañado y no ha venido.
-Que va. Venir, vino. Pero no sé “paqué”. Porque de los trece días que estuvimos juntos… Vaya, que ni olerle el culo pude. Pues no va y me dice: mi amor, vas muy deprisa. Y yo soy un hombre muy conservador y prudente. Y hasta que no llevemos un par de años, o más, no quiero tener relaciones sexuales contigo.
-Ja, ja, ja.
-Tú ríete; pero cuando se marchó a Miami me faltó tiempo para bloquearle en Facebook.
-Pero, Conchita, ¿Tan mal se portó contigo cuando vino a verte?
-Ah, no, no. Portarse, se portó muy bien. La docena de días fuimos a comer y a cenar a los mejores restaurantes de la ciudad, y de varios pueblos de Cantabria. Y me compró un par de pendientes, uno con diamantes y otro con perlas y esmeraldas. Y me compró también un abrigo de visón, unos zapatos de Carolina Herrera, un frasco de colonia de Chanel número 5…
-Madre mía, Conchita, ¿Todo eso te regaló?
-Eso y muchas más cosas.
-Por cierto, lo del abrigo de visón… Ay, qué pena, ¿No? ¿Y dices que le has bloqueado?
-Ah, sí, sí.
-Pero, ¿Por qué?
-Como que por qué. Porque es más antiguo que el reinado de Carolo y no quiso acostarse conmigo. Y ya te he dicho, a ciertas edades no se puede perder el tiempo.
-Ya, pero…
-Pues eso, que a rey muerto, rey puesto. Porque ese mismo día que se marchó a Florida conocí a otro hombre, también por Facebook. Y bendita la hora que le conocí, Anchoíta. Es paisano nuestro, de la zona del Valle de Cabuérniga. Y… Ay, solo de pensarlo… Ay… Se llama Vitorio, tiene 37 años y uno de sus bisabuelos era argentino; es pastor de ovejas y está de okupa en una cabaña, perdida el monte. Y a la semana me dijo de ir… Y, ay, Anchoíta, qué hombre, ¡Qué hombre!
-¿Mejor que Cleofás?
-¿Mejor? ¡Una maravilla!
-Pero el pastor… ¿De regalos cómo anda?
-¡Qué mejor regalo que darme estopa día y noche!
-¿Día y noche, Conchita?
-Día y noche, Anchoíta.
-Y con tanta estopa, día y noche… ¿Cuándo cuida de las ovejas?

Y entonces, Conchita, me colgó el teléfono. Y desde que me colgó… Estoy con una angustia vital porque… ¿Quién cuida de las ovejas? Ay, ay, ay… ¿Las dejará solas? Ay, ay, ay, pobrecillas. Ay, ay, ay, qué mujer, qué mala cabeza… Y el otro, otro cabra loca como ella.
Ay, ay, ay… Cómo se ha dejado engañar esta mujer: dejar a un buen partido por un ovejero que no tiene donde caerse muerto. Ay, ay, ay… Y siete veces más joven que ella.
Ay, ay, ay…