Cajita pintada a mano por Chiqui Lorenzo.

Hará año y medio que mi amiga Mairucha, que tiene sesenta años y es muy dicharachera, se fue a vivir a una aldea de la Galicia profunda con Edmundo, el hombre con el que vive en pecado desde hace tres décadas.
Establecidos en el pueblecito, Mairucha retomó la actividad que ya desde zagala le encantaba: las manualidades.
Y como bien dice la frase hecha, a la vejez viruelas, se lió día y noche, durante tres semanas, a darle a la artesanía, y enseguida atesoró un arsenal de cositas hechas a mano súper chulis. Y tras maquinar en la cabeza cómo dar salida a tanta bisutería, para sacar unos cuartos que nunca vienen mal, alquiló un chiringuito a pie de playa con un cartel en lo alto donde se leía Aikemono.
Aunque a decir verdad, de cuartos, lo que se dice cuartos, la pareja iba sobrada, y por partida doble. Porque recientemente Mairucha había cobrado la herencia de sus padres adoptivos, que habían muerto, pobriños, meses atrás.
Y como al anciano matrimonio le había tocado la Primitiva, y ella era hija única, además de un casoplón de tres plantas con quince habitaciones, había heredado una importante suma de dinero. Osea, que por cuartos, como dije antes, no era. Así que lo de meterse en negocios de artesanía debió ser, bien por capricho, bien por chaladura; o ambas cosas.
Caprichos y chaladuras aparte, sigo contando.

Un domingo, tras darse un baño en la abandonada, olvidada y solitaria ría de su querida aldea… (No os he contado pero Mairucha tuvo que marcharse de su tierriña porque los vecinos hablaban y hablaban de ella por estar viviendo con un hombre sin estar casada. Y para parar tanto escándalo y tanta gaita absurda, se marchó a la Meseta, y listo). Y eso, que tras bañarse en las frías aguas de la ría, aguas de las que se decía eran curativas, se le ocurrió algo:
-“Edmu”, estoy pensando yo… De toda la vida escuché decir que estas aguas de la ría Fresqueira tienen propiedades… Y… Hum… Estoy pensando yo… Hum… De ser cierto que son curativas bien podrían llevarse encima del cuerpo para que surtan un efecto sanador directo… Y…
-Ay, virgen del Carmen, qué estarás cavilando mujer-. Dijo él.
-Calla un poco… Estoy pensando yo que… Hum… Hum… A estas aguas de la Fresqueira las vamos a sacar provecho. Verás tú.
He aquí pues cómo Mairucha se metió a empresaria y comenzó a vender agua embotellada.
Y como Mairucha es una mujer muy seria para los negocios, aquella madrugada no pudo dormir de tanto pensar en el que esperaba fuera el gran negocio de su vida pues siempre soñó con poder vivir de las manualidades.

A la mañana siguiente, muerta de sueño pero cargada de optimismo, hizo tres cosas: encargar por Internet una caja grande de botellitas y cajitas de cartón, comprar en una de las mercerías de la comarca cordoncillos e ir con un cubo hasta la Fresqueira para llenarlo de agua.
Y ese mismo día, después de comer y echarse la siesta, rellenó las botellitas con el agua de Fresqueira y pintó, a mano, las cajitas de cartón.
No pasaría demasiado tiempo que las cajitas con las botellitas de Agua de Fresqueira fueran descubiertas por los aldeanos, y los lugareños de los alrededores, y el chiringuito Aikemono se hizo muy popular.
Y en menos de un mes casi toda la gente de la provincia tenía su botellita de Auga da Fresqueira colgada del cuello.
-Ay qué joderse con estos gallegos Mairucha. No van a bañarse en el agua de la ría pero quieren llevarla colgada del cuello-. Dijo Edmundo, con gran acierto.
-Pues a cuenta del agua hemos sacado un dinerillo-. Dijo ella .-Y… Hum… Estoy pensando yo… Hum… Hum… A este dinerillo le vamos a sacar provecho.
-Ay, Madre del Amor Hermoso. Ay, san Antonio bendito.
-“Pa” cura no tenías precio tú hijo mío, con tanto que mentas a las vírgenes y a los santos. Tú calla y verás.

Y todo lo que Mairucha había pensado hacer, se hizo. Y todo salió bien y fue para bien.
Porque a día de hoy la desconocida ría de Fresqueira ni está abandonada ni solitaria ya que se ha hecho famosa. Y es que mi amiga, tras pedir audiencia con un alcalde muy importante de la Comunidad Gallega, le habló de la olvidada ría de Fresqueira, y de la intención que tenía de invertir un dinerito en la zona para hacer de ella un lugar aprovechable.
Ahora la ría es uno de los sitios más concurridos y visitados del pueblecito.
Y todo gracias a Mairucha, y a sus cajitas de Agua de Fresqueira.

(Dedicado e inspirado en Chiqui Lorenzo).