HAY VIDAS

HAY VIDAS

Puesta de sol desde la playa de la Vega de Pupuya. Chile. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

Hay vidas que antes de empezar ya han muerto
porque su meta, más que vivir, es sobrevivir.
Hay vidas tristes y rutinarias
pues no hay mayor pena que ver pasar una vida, como quien ve cómo pasan las horas en el reloj.
Hay vidas cuyos dueños creen haber llenado…Y sin embargo están completamente vacías.
Porque la vida no es para colmarla de artificialidad,
sino de experiencias.

Hay vidas que portan espadas que se tiñen con la larga y oscura sombra del odio, la venganza y el rencor;
otras, al contrario, lo hacen con la infinita gama de los colores del amor.
Porque los colores de la vida,
a veces -como las decisiones personales-, pueden estar equivocadas.
El rojo puede vestir dos vidas pasionales; dos vidas antagonistas.
Porque puede hacer de un aliento o suspiro una bienaventuranza
o un calvario.

Hay vidas que quedan atrapadas en un sueño…
Hay vidas que se escapan de las manos…

Hay vidas inocentes;
otras miserables;
vidas bondadosas:
¿todas válidas y necesarias?

Hay vidas que siempre saludan con un buenos días;
otras llegan al ocaso de la solitaria noche con el alma marchita.
Hay vidas llenas de romanticismo;
otras, en cambio, mueren al dejar de alimentarse, cual parásitos, con la lujuria y la sexualidad.

Hay vidas que no deberían vivirse;
otras, sin embargo, deberían ser eternas.

(Reflexión escrita el lunes, 19 de septiembre de 2022, en Alcorcón. Madrid. España).

¿DIOS NOS CASTIGA?

¿DIOS NOS CASTIGA?

Cristo Redentor en el monte de El cerro del Corcovado. Parque Nacional de la Tijuca. Río de Janeiro. Brasil. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

Alguien me dijo recientemente: pregúntale a tu Dios por qué nos castiga.
Mi Dios no nos está castigando, contesté. Es la humanidad quien se está castigando a sí misma, fabricando jinetes apocalípticos.

Pero quizá llegué el día en que un dios sí castigará por todo el mal provocado.
Y sus discípulos ya no podrán seguir amparándose en un caballo de Troya, ni podrán justificar el por qué de los actos inmundos; actos que dejan de ser intangibles cuando la carne se deja embaucar por los siete pecados capitales.

Que el mundo se esté destruyendo no es responsabilidad de tu Dios ni del mío. Porque nadie destruye lo que ama.
Los dioses no está enviando plagas a la Tierra, es la mano del hombre, y su ansia de poder, quien lo provoca.
¿Acaso no sabes que los que te colocan en un pedestal para divinizarte son los mismos que dejarán que caigas en las redes del olvido cuando ya no les intereses?
¿Realmente se aprende la lección?

Quien se deja llevar por el odio y la venganza, en vez de por el amor y el perdón, no será castigado tras el juicio final, no. Su castigo lo está recibiendo en vida. Porque en la existencia que aguarda tras la muerte no hay lugar para castigos ni venganzas, pues estamos destinados a ser felices y a convertirnos en luz.

Quien finalmente comprende que, aun tras caer en las siete tentaciones -a sabiendas de salir impune-, el fin de una persona es ser espíritu, se rinde ante todos los dioses para que le quiten las vendas que ciegan, ya no los ojos, sino el alma.

Y podría seguir escribiendo y escribiendo y escribiendo acerca del por qué los dioses no castigan.
Pero ahora que, ni aun queriendo, sucumbo a tentaciones, prefiero invertir el tiempo de mi vida en disfrutar del mundo, mientras exista, pues no encontré mejor modo de conectarme con mi Dios.

(Reflexión escrita el martes, 2 de agosto de 2022, en Tavernes de la Valldigna. Valencia. España).

LOS PROBLEMAS DE LA VIDA

LOS PROBLEMAS DE LA VIDA

Carolina en la Casa Museo de la Magia. Poliñá de Júcar. Valencia. Comunidad valenciana. España. Foto tomada por Carlos Llorente Peláez.

Una vez alguien me dijo: en la vida hay dos problemas, los de matemáticas y los de la vida.
Y sí. La persona que me dijo esto tenía razón.

Y por hablar de problemas, he querido comenzar de un modo jocoso, pues todos, tarde o temprano, en algún momento de nuestra vida, vamos a tener que enfrentarlos.
Pero el problema presenta muchos problemas.
Es más, algunos creen que jamás los tendrán; y cuando alguien le habla de los suyos, huyen como de la peste.
La falta de empatía queda patente, obviamente.
Y ahora viene otro pero.
Y es que, el que habla acerca de su problema no debe olvidar que los demás también los tienen.
Si estás con alguien que solo habla de problemas -no de los de matemáticas, sino de los otros-, puede llegar a saturar.
Entonces, ¿Cómo enfrentar este “problema”?
Supongo que de primeras hay que usar el sentido común y la humanidad… Sin embargo… Como el ser humano tiende al egoísmo, la tarea se complica.
Además, nadie nació “aprendido”. Y todo lo tenemos que aprender.

Mi conclusión a los problemas, tras mi experiencia personal y haber madurado, se resumen en:
-Ante un problema, desahógate solo con aquellos a los que les interesas y/o tengan buenos sentimientos hacia ti. Y aun así, es posible que sufras rechazo (repito, somos demasiado egoístas y vamos a lo nuestro).
-Si le cuentas un problema a un desconocido pueden suceder dos cosas: que te escuche pacientemente o que te rechace.
Aquí encaja a la perfección la frase, “La vida es como una caja de bombones, nunca sabes lo que te va a tocar”.

-Sé paciente con el que te cuenta su problema.
-No abuses de la persona que te escucha.
O simplemente piensa: de encontrarme en estas situaciones, ¿Cómo me gustaría que se comportaran contigo?

Y recuerda que los problemas, o se solventan o no tienen solución.
Y si el problema no tiene solución… ¡Olvídate de él! (O al menos, inténtalo).

EL PODER Y LA LÍNEA QUE SEPARA EL BIEN DEL MAL

EL PODER Y LA LÍNEA QUE SEPARA EL BIEN DEL MAL

Algunos, cuando se alzan con el poder, creen estar por encima del Bien y del Mal.
Nada más lejos de la realidad.
Porque llegará el tiempo en el que podrán ver la línea invisible que separa los dos conceptos.
Hasta que llegue ese momento -del que nadie podrá escapar- deberíamos escuchar a nuestra voz interior.

Quien cree que maneja, a su antojo, los hilos del mundo para mover a las personas como si fueran piezas de ajedrez, quizá, solo quizá, en otra dimensión, tenga que dar cuentas…
Y tal vez, solo tal vez, se convierta (de forma perpetua) en una de las piezas que manipuló.

EL SECRETO DE GLORIA

EL SECRETO DE GLORIA

Fragmento de la canción Gloria (traducido del italiano al castellano) compuesta por Umberto Tozzi y Giancarlo Bigazzi.

Me llamo Carolina, pero ese no es mi nombre verdadero. Carolina es el nombre que eligieron mis padres para mí; sin embargo, de haber podido elegir, hubiera elegido el de Gloria.

Cuando nacemos nadie nos pregunta: ¿qué nombre quieres tener? Incluso en el vientre materno los padres se debaten entre un nombre u otro; pero ninguno de los dos espera a que el bebé nazca, crezca, hable y tenga una edad en la que pueda, por sí mismo, elegir su nombre.
Eso sería ideal. Pero hasta que pudieras hablar… ¿Cómo se dirigirían a ti tus padres, tus abuelos, los amigos…? Muy fácil: podrían llamarte hijo, nieto, amigo…
De este modo tendríamos nuestros nombres verdaderos.

En mi caso, mi “nombre” no me desagrada (aunque tampoco me gusta).
Y en el punto de la vida en el que me encuentro no veo necesario cambiármelo. No tendría sentido.

Y ahora que conoces mi secreto, si volviera a nacer, por favor, ponme el nombre de Gloria. Para mí es el nombre más bonito del mundo; es el único que hubiera querido tener.
Al menos, dame la oportunidad de elegir.

BAJO EL SOL DEL ÍNDICO

BAJO EL SOL DEL ÍNDICO

Megam FerLó en África.

Y partí rumbo a uno de los rincones del planeta donde más diversidad de vida salvaje puedes encontrar. Un lugar de gran riqueza que no deja indiferente a ningún forastero que lo visite.
Tierra de colores salpicada por acacias y costas de exóticas playas mirando al Índico.
Atardeceres, donde las puestas de sol se convierten en una exhibición de magia, tiñendo el cielo en un sinfín de tonos rojos y violetas en cuestión de minutos, transformando el espacio en un escenario de naturaleza en estado puro.

A altas horas de la madrugada comenzamos el día, hay que estar preparado, la sabana no avisa, es intempestiva. Con un escueto equipaje y la incertidumbre de un nuevo día subimos al jeep para recorrer kilómetros y kilómetros de sabana, acacias de copa plana, baobabs, matorrales y arbustos serpenteando el paisaje árido desfilan ante nuestros ojos. Caminos abruptos, barrizales, charcos, van irrumpiendo el trayecto, el vehículo coge velocidad, el guía no repara en imperfecciones terrestres, si tienes suerte y tu cinturón no está roto, los bandazos y vaivenes en su interior serán mas respetuosos contigo.

Megam FerLó en África.

Hora de levantarse, descapotamos el techo, en apenas segundos, cámaras, prismáticos, móviles, un aluvión de pequeña tecnología ocupa el espacio interior, mientras un viento tosco y arenoso golpea y despeja mi cara, el polvo se posa y se entremezcla en mi pelo, lo enreda, lo enturbia, pero nada importa, solo el tiempo, lento y pesado esperando una señal de la naturaleza para mostrarnos algún espectáculo de magia salvaje.
No faltan los ñus y la cebras con su pijama alegre y chillón, en grandes manadas recorriendo extensas llanuras. De vez en cuando algún ejemplar solitario. De repente un pequeño grupo de avestruces se agolpan en unos metros de explanada arenosa y despejada, el jeep se detiene, momento para contemplar la exhibición de las grandes corredoras. Las mas pesadas dentro de sus compañeras las aves, de enormes alas que cambian la dirección en las carreras. Hasta 70 kilómetros por hora para poder escapar de la muerte depredadora, de potentes patadas capaces de matar a un león. Curiosamente lo machos lucen mejor vestimenta, destacando su plumaje, negro y abundante combinando con el blanco de sus alas y cola. Ellas, mas pequeñas de plumas grises y blancas, ceden discretas el protagonismo a sus compañeros.
Las vemos caminar famélicas, estilosas. Se detienen con pose elegante. Sus ojos altivos y perspicaces nos observan como esperando a terminar nuestro book fotográfico. Tras unos minutos, tímidas y pudorosas continúan su marcha.

Y cierro los ojos, imágenes infinitas, sinuosas, recorren mi mente, donde no existe la prisa, el tiempo se difumina y pierde coherencia, se pone el sol, el horizonte se desdibuja, cae la noche estrellada y limpia al compás de una orquesta, cuyos coros de diminuta fauna, se agolpan desordenados en un sonido blanco que va a acompañando a un sueño profundo y cansado. Así es ella, hermosa, intensa, viva, a veces tierna, a veces violenta… Así es ÁFRICA…

Las seis de la mañana, me despierto en ávida pereza y ásperas ganas de abandonar una cama, infinita y envolvente… Que no se me olvide el protector solar, el relec, el sombrero… Subimos al jeep, un día mas… Un nuevo día…

Megam FerLó.