A VER SI EMPEZAMOS EL AÑO SIN PRISAS NI ESTRÉS, POR FAVOR

A VER SI EMPEZAMOS EL AÑO SIN PRISAS NI ESTRÉS, POR FAVOR

Emoji sonriendo sin dientes.

O al menos ese es mi deseo, porque no hay peor cosa que ir con prisas por la vida.

Precisamente por las prisas y el estrés del 11 de diciembre de 2021, día que nos fuimos a México… Ay, si es que… No os he contado lo que pasó.
Resulta que pasado el control fronterizo del Satélite de la Terminal T4 del aeropuerto madrileño, giramos a la derecha y luego a la izquierda para subir por las escaleras mecánicas. Y al ir a girar, otra vez a la izquierda, “pa” subir por la otra escalera, en el suelo, y tiradas de cualquier modo, había dos prótesis dentales (muy majas ellas), y su correspondiente cajita para guardarlas.
-Madre mía lo que hacen las prisas y el estrés-. Dijo una mujer (por el acento que tenía era de origen sudamericano).
-Y tanto-. Dije yo.
-Con lo caros que están los protésicos dentales y la plata que habrán costado.
-Diga que sí, señora-. Dijo Carlos. (Él sabe de estas cosas, recientemente ha tenido que ir a la consulta del dentista varias veces).- Y dirigiéndome a mi marido dije así:
-Y si el que ha perdido los dientes no come, que le jodan. Porque lo importante no es la función vital que tienen los dientes, sino el dinero que han costado.

Lo dicho. Cuidado con las prisas y el estrés, ché.

LOS COLORES DE LA VIDA

LOS COLORES DE LA VIDA

Estor Arco Iris.

La otra tarde, estando con nuestro amigo Juanito a la hora del paseo (porque igual que los ingleses toman el té a las cinco de la tarde, nosotros salimos a pasear a las siete), estuvimos hablando de lo bien que se está, ahora, en otoño, en la terraza del apartamento.
-Ah, sí, sí, sí. Cerrar la terraza y poner las cortinas de cristal ha sido un acierto-. Dijo él.
Y el hombre lleva razón. Porque además de tener un nuevo espacio del que poder disfrutar todo el año, al dar la solanera, uno está más calentito.
Solo que… El cerramiento así, solo con las cortinas de cristal… Está sosísimo.
Qué bueno sería darle un poco de color, como, sin ir más lejos, ha hecho el vecino de Juanito (ha puesto unos estores rosas que le dan un toque a la terraza muy moderno).
Y yo estuve pensando que Juanito debería hacer lo mismo y poner unas cortinas venecianas, así, con los colores del arco iris.
Porque, oye, ya que te vas a quedar con la peña, hazlo bien, ¡Cojona!
No sé yo si mi amigo está por la labor. Con lo antiguo que es… Lo mismo pone unos cortinajes sacados del vestido aquel de la película de la señorita Escarlata…
De verdad, no he visto un tío más antiguo que él. Aunque… Creo que algo se ha modernizado. Porque hablando de “les coses” de la vida moderna nos ha dicho a Carlitines y a mí lo siguiente:
-Cómo han cambiado los tiempos, xiquets. Ahora todo es poliamor y coses rares, ché.
En mis tiempos, para hacer el sexo, había que esperar a la noche de bodas y teníamos que llegar al matrimonio castos y puros; pero ahora…
Cagón la mar… ¡Ahora todos se juntan con todos el mismo día que se conocen! Y lo mismo les da que sean hombres o mujeres, o peces.
A ver si me animo yo y hago como la juventud, abrirme una cuenta de Tinder. Y mi mujer otra, ché.
-Claro que sí, Juanito-. Le dije yo .-Hay que modernizarse un poco, ¿A qué sí, Carlos?
-A mí no me metas en tus líos-. Contestó mi marido.
-Escucha, Juanito: tienes que modernizarte y dejar las viejadas.
-Sí, sí, sí, Carolineta. Pero, ¿Cómo hago? ¿Por dónde empiezo? ¿Abro un Tinder?
-Noooo. Deja quieta la cuenta “pa” otro momento y empieza por las cortinas de la terraza. Apuesto que ibas a poner… -E interrumpiéndome, dijo así:
-Unos estores de siete colores. Los compramos mi mujer y yo la semana pasada en el Leroy Merlin.
-¿En serio?
-Sí. Nos llevamos a los nietos, y al verlos empezaron: esos, esos. Comprar esos, comprar esos.
-¿En serio?
-Ay, cualquiera les decía que no. ¿No los tiene el de al lado de color rosa? Pues no voy a ser yo menos que él.
-Di que sí, Juanito-. Dijo Carlos.
-Ay, ¡Cojona! Tendré viejadas, no digo yo que no, y no entenderé de poliamores, pero a vacilón no me gana nadie, ché.

RECLAMACIÓN AL RATONCITO PÉREZ (SEGUNDA PARTE)

RECLAMACIÓN AL RATONCITO PÉREZ (SEGUNDA PARTE)

Ratón Pérez. Calle Arenal número 8. Madrid. España. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

Después de haber ido a la calle Arenal, a la casita donde vive el ratoncito Pérez, a poner una reclamación (a Carlos no le ha traído ningún regalito después de quedarse sin dientes), la persona que atiende nos ha dado dos opciones.
Y bueno, pues aquí estoy, en la cocina -con el delantal que tengo de un gallo que compré en Portugal-, friendo espárragos. Porque es una de las opciones que nos dieron; la otra era que fuéramos a la fuente de la Cibeles o a la de Neptuno, o a la que nos diera la gana, e hiciésemos gárgaras con el agua.
Y encima, me salta aceite hirviendo…
Si me llego a quemar… ¿A quién reclamo yo?

Si es que… ¡Vivimos en un país de injusticias!

RECLAMACIÓN AL RATONCITO PEREZ (PRIMERA PARTE)

RECLAMACIÓN AL RATONCITO PEREZ (PRIMERA PARTE)

Placa informativa del ratoncito Pérez. Calle Arenal número 8. Madrid. España. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

Estoy… Indignado es poco. Y de aquesta finestra…
-Finestra no, Carlitines. Se diu vesprada-. Le he corregido yo .-Finestra es ventana.
-Como sea, Carolineta-. Me contesta él para añadir al momento .-Buena estás tú: me corriges por llamar a la tarde ventana diciendo diu.
-Es que se dice diu.
-Ya, bueno. No cambies de tema y a lo que vamos.
-¡Encima!
-Debajo. Y eso, que aquesta misma tarde voy a ir al centro de Madrid, al número 8 de la calle Arenal, a poner una reclamación al Ratón Pérez. Porque de golpe y porrazo me he quedado sin dientes y todavía estoy esperando que me traiga un regalo.
-El Ratoncito Pérez solo trae regalos cuando los dientes se caen, y no cuando te los quitan. Y a ti te los ha quitado el dentista.
-¡De eso nada monada!-. Ha exclamado él .-Una vez en el patio del colegio, los niños de mi clase, en un diente de leche que se me movía, me pusieron un hilo, y tirando de él, me lo quitaron. Y cuando llegó la noche lo puse bajo la almohada y por la mañana del día siguiente tenía yo un regalito.
Y ahora, en cambio, ni regalitos ni leches.
-Llevas razón, Carlitines. Y es raro que no te haya dejado nada… ¿No será porque los de ahora no eran de leche?
-Ni idea. Por eso voy a ir a informarme.
Como se haya olvidado de mí el Ratoncito Pérez… Me “vi” a cagar en sus muelas, o en las del dentista.
-Ay, no te enfades que se te sube la tensión.
-Es que estuve pensando. Como los dientes se quedaron en la consulta del dentista… ¿No habrá ido el Ratoncito Pérez ha dejarme el regalo allí?
-Ay, ché, pues igual sí.
-Pues como sea así y el dentista no me haya dicho nada…  Me “vi” a cagar…

 

MI EXPERIENCIA CON EL GUITARRISTA DE QUEEN

MI EXPERIENCIA CON EL GUITARRISTA DE QUEEN

Brian May.

¿Os he contado lo que me pasó con el guitarrista de Queen? ¿No? Pues de hoy no pasa.
Un día, trabajando como policía en la Terminal T4 del aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas, por la cabina del control fronterizo donde estaba pasó Brian May, el guitarrista de Queen.
Venía procedente de un vuelo de Londres.

Como al verle no le reconocí, me quedé observándole detenidamente con el pasaporte en la mano. Le miraba a él y miraba la fotografía del documento de viaje. Y vuelta a mirarle y vuelta a mirar la foto. Estaba callada y muy seria. Y él tres cuartos de lo mismo.
Y cuando más le miraba, más pensaba: madre mía, cómo se parece este hombre a Einstein con esos pelos que trae. A su vez el músico me miraba a mí como diciendo:
-Seguro que me ha reconocido y por eso me mira tanto; pero debe de ser una chica prudente y tímida y por eso no dice nada.

Al rato le di su pasaporte y me despedí del buen señor. Y se marchó con la maraña de pelos que llevaba en lo alto de la cabeza, que parecía que tenía un nido de cigüeñas, solo le faltaban los huevos (aunque esos digo yo que también los lleve pero en otra parte, resguardados al calorcillo).
Terminado el trámite mi compañero de cabina me informa:
-¿No le has reconocido? Es Brian May.
-¡No jodas!-. Exclamé. Y mirándole la cabellera por detrás pensé: pues ya puede llevar “cuidado” que lo mismo con el calorcillo de cualquiera de los huevos le salen pollitos.
Y esto es lo que me pasó con el guitarrista de Queen.

BUSCANDO LA BUENA SUERTE EN LA ROMERÍA DE SELAYA

BUSCANDO LA BUENA SUERTE EN LA ROMERÍA DE SELAYA

Trébol de cuatro hojas. España. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

En agosto de 2019 mi hermana Rosa y su novio Tino, que gustaban mucho ir de romerías, fueron a la de Valvanuz, en Selaya.
Y estando abajo, en el pueblo, porque la romería se celebra arriba, en los valles pasiegos, junto al santuario de Nuestra Señora de Valvanuz, estuvieron dando un paseuco. Y antes de subir al santuario, Tino, que allá donde iba tenía que comprar lotería, compró un décimo.

Ya en la pradera, y entre el gentío del jolgorio, Tino le dijo a mi hermana:
-Rosuca, voy a ver si encuentro la buena suerte.
-¿Cómo la buena suerte?-. Le preguntó ella.
Entonces le explicó que para que la lotería les tocara había que buscar la buena suerte. Y la buena suerte se atraía al pasar el décimo por la chepa de un giboso.
Y con la misma, Tino, se puso a buscar entre los paisanos, con tan buena suerte que vio a un giboso. Y yendo hacia él exclamó:
-¡Hooobreeeee! ¡Cuánto tiempo! ¿Cómo estás?
Y el otro, que no le conocía de nada, pero no sé si por estar en fiestas, por seguirle la corriente o por haberle tomado por loco o por tonto (o por todo a la vez), contestó así:
-Estoy muy bien, amigo.
Y Tino, que como bien he dicho, estaba buscando la suerte, aprovechó la ocasión. Y abriendo las brazos le dijo:
-Qué alegría verte. Ven aquí, caguen diez, y dame un abrazo.
Y mientras los fulanos se abrazaban, Tino le pasó el décimo de lotería por la chepa.

Pero la cosa no acabo aquí. Porque para que la lotería les tocara había que seguir buscando la suerte.
-Rosuca, ahora tenemos que encontrar a una mujer embarazada-. Le dijo Tino a mi hermana.
-¿Pero “paqué” Tinuco, “paqué”?-. Le preguntó ella.
-¿Cómo que “paqué”? Pues “pa” pasarle el décimo por la tripa. Así también se atrae la suerte.
Y entonces, buscaron y buscaron entre los paisanos vestidos de pasiegos. Y como no vieron a ninguna mujer embarazada volvieron a bajar al pueblo. Y en el pueblo, buscaron y buscaron y buscaron… Hasta que finalmente vieron a una.
Y entonces, Tino, acercándose a la mujer, así, con disimulo, hizo como que se tropezaba con ella:
-Ay, señora, perdone, perdone-. Se disculpó, al tiempo que le ponía una mano en la barriga.
-Tenga “cuidao”, hombre, que me va a hacer echar al chiquillo que llevo aquí dentro antes de tiempo.
Y así quedó la cosa.

Pero cosas de la vida, pues después de haber estado buscando tanto la buena suerte, no tocó la lotería.
-Hijo, la lotería no habrá tocado-. Le dijo mi hermana a Tino .-Pero no será porque no tocaste tú… La chepa, la tripa… Y las narices bien tocadas a mí, porque… Vaya día me diste…