LOS COLORES DE LA VIDA

LOS COLORES DE LA VIDA

Estor Arco Iris.

La otra tarde, estando con nuestro amigo Juanito a la hora del paseo (porque igual que los ingleses toman el té a las cinco de la tarde, nosotros salimos a pasear a las siete), estuvimos hablando de lo bien que se está, ahora, en otoño, en la terraza del apartamento.
-Ah, sí, sí, sí. Cerrar la terraza y poner las cortinas de cristal ha sido un acierto-. Dijo él.
Y el hombre lleva razón. Porque además de tener un nuevo espacio del que poder disfrutar todo el año, al dar la solanera, uno está más calentito.
Solo que… El cerramiento así, solo con las cortinas de cristal… Está sosísimo.
Qué bueno sería darle un poco de color, como, sin ir más lejos, ha hecho el vecino de Juanito (ha puesto unos estores rosas que le dan un toque a la terraza muy moderno).
Y yo estuve pensando que Juanito debería hacer lo mismo y poner unas cortinas venecianas, así, con los colores del arco iris.
Porque, oye, ya que te vas a quedar con la peña, hazlo bien, ¡Cojona!
No sé yo si mi amigo está por la labor. Con lo antiguo que es… Lo mismo pone unos cortinajes sacados del vestido aquel de la película de la señorita Escarlata…
De verdad, no he visto un tío más antiguo que él. Aunque… Creo que algo se ha modernizado. Porque hablando de “les coses” de la vida moderna nos ha dicho a Carlitines y a mí lo siguiente:
-Cómo han cambiado los tiempos, xiquets. Ahora todo es poliamor y coses rares, ché.
En mis tiempos, para hacer el sexo, había que esperar a la noche de bodas y teníamos que llegar al matrimonio castos y puros; pero ahora…
Cagón la mar… ¡Ahora todos se juntan con todos el mismo día que se conocen! Y lo mismo les da que sean hombres o mujeres, o peces.
A ver si me animo yo y hago como la juventud, abrirme una cuenta de Tinder. Y mi mujer otra, ché.
-Claro que sí, Juanito-. Le dije yo .-Hay que modernizarse un poco, ¿A qué sí, Carlos?
-A mí no me metas en tus líos-. Contestó mi marido.
-Escucha, Juanito: tienes que modernizarte y dejar las viejadas.
-Sí, sí, sí, Carolineta. Pero, ¿Cómo hago? ¿Por dónde empiezo? ¿Abro un Tinder?
-Noooo. Deja quieta la cuenta “pa” otro momento y empieza por las cortinas de la terraza. Apuesto que ibas a poner… -E interrumpiéndome, dijo así:
-Unos estores de siete colores. Los compramos mi mujer y yo la semana pasada en el Leroy Merlin.
-¿En serio?
-Sí. Nos llevamos a los nietos, y al verlos empezaron: esos, esos. Comprar esos, comprar esos.
-¿En serio?
-Ay, cualquiera les decía que no. ¿No los tiene el de al lado de color rosa? Pues no voy a ser yo menos que él.
-Di que sí, Juanito-. Dijo Carlos.
-Ay, ¡Cojona! Tendré viejadas, no digo yo que no, y no entenderé de poliamores, pero a vacilón no me gana nadie, ché.

RECLAMACIÓN AL RATONCITO PÉREZ (SEGUNDA PARTE)

RECLAMACIÓN AL RATONCITO PÉREZ (SEGUNDA PARTE)

Ratón Pérez. Calle Arenal número 8. Madrid. España. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

Después de haber ido a la calle Arenal, a la casita donde vive el ratoncito Pérez, a poner una reclamación (a Carlos no le ha traído ningún regalito después de quedarse sin dientes), la persona que atiende nos ha dado dos opciones.
Y bueno, pues aquí estoy, en la cocina -con el delantal que tengo de un gallo que compré en Portugal-, friendo espárragos. Porque es una de las opciones que nos dieron; la otra era que fuéramos a la fuente de la Cibeles o a la de Neptuno, o a la que nos diera la gana, e hiciésemos gárgaras con el agua.
Y encima, me salta aceite hirviendo…
Si me llego a quemar… ¿A quién reclamo yo?

Si es que… ¡Vivimos en un país de injusticias!

QUERIDO RAMÓN

QUERIDO RAMÓN

Fuente de la Mora (y Ayuntamiento). Cariñena. Zaragoza. Aragón. España. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

POR ESTE PRECIO NOS BAILARÁN UNA JOTA

Querido Ramón…
Antes de seguir escribiendo aclaro que Ramón es el nombre que le he puesto a mi diario.
(El diario lo estrenó hoy).

Pues eso, que, querido Ramón:
-Hoy es martes, 20 de julio de 2021, y Carlos y yo fuimos a parar a Los Mallos de Riglos, un pueblezuco medieval de Huesca.
“Paque” lo sepas, majo: estamos haciendo un viaje por tierras aragonesas.

Sobre las dos y media de la tarde, buscando un refugio en Riglos pues teníamos más hambre que los pavos del tío Manolo, entramos en el único restaurante que hay en el pueblo…
Porque… Ay, Ramón, no veas tú. “Pa” estar en el prepirineo aragonés… Qué caloreta.
¡Y qué sed! Y qué hambre otra vez. Vaya, que se nos juntó todo.
En serio, Ramón, maño, bonico: tenía el estómago “pegao” a la espalda. Una cosa… ¡En mi vida!

Y vino un muchacho a traernos la carta. Y como en ese momento, al tiempo que mi marido se puso las gafas de ver, yo sacaba del estuche azul mis dientes postizos, viendo que me los ponía… Se quedó… A cuadros, maño. A cuadros.
Oye, pues al poco, y al ver el precio del menú, la que se quedó con la misma cara que el muchacho fui yo. Y si no con la misma, con una muy parecida.
16 lereles por barba.
¿Cómo que qué digo? El menú, Ramón, que piden 16 euros por él.
¡Cojona! Con este precio nos bailarán una jota, pensé yo. Porque, desde luego, entre tú y yo, el menú muy “pallá” no es.
¿Que por qué, preguntas? ¿Y que qué digo de unas barbas?
Mira, Ramón, te voy a decir una cosa: que me vacile Carlitines, vale, pero que me vaciles tú…
Pues eso, que ponen un plato único. Una ensalada acompañada de berenjena rellena y longaniza (a elegir). Oye, maño, por este precio nos darán copa y puro, pensé. Una mierda que me coma ¡Ni un triste café! Cagón la mar…

Una vez que cogimos fuerzas, porque vaya día de dar vueltas, fuimos al pueblo de los Mallos (Carlos le llama “los Maños”, que también, porque maños son).
Y qué caloreta.
Aquello es un infierno, maño. Allí no se puede estar.
Porque mira, que me muera yo de calor, vale; pero que se estuviera muriendo de la calorina Carlos… Con lo friolero que es…
¿Que qué es ser un friolero? Jolines, Ramón, qué preguntón eres, ¡Ni que fueras de La Gestapo, macho!
¿Que te he puesto triste y que vas a hacer pucheros, dices?
Vamos a ver, no te puedo explicar todo, de todo, el primer día, ¿Comprendes? Un friolero es el que tiene mucho frío. Y luego estamos los calurosos, como yo, sin ir más lejos… ¿No ves que soy del Norte?

Y bueno, Ramón. Mañana te contaré más cosas.
Ahora necesito ducharme y descansar un poco, por la cuenta que me trae. Porque este hombre…
¿Cómo que qué hombre? Mi marido, Ramón, ¿Qué hombre va a ser si no?
Porque este hombre… Ni cansancio, ni caloreta, ni diez horas andando… Dice que antes de que acabe el día hay que follar…
¿Cómo dices, Ramón? ¿Que qué es eso, preguntas? Ay, ché. Otro día te lo cuento.
¿Que haces pucheros otra vez, dices? Ay, no, Ramón, a mí chantajes emocionales, no.

A las 19:57 horas.
Huesca (Aragón – España).
La Anchoíta del Cantábrico.

LA FUENTE DE LA MORA, DE DONDE UNO SE HARTA A BEBER VINO, ¿A TODAS HORAS?

Jueves, 22 de julio de 2021.
Querido diario…
¡Qué leches querido diario! Ramón, que “paeso” te he puesto nombre.
(Ah, no te dije, me puedes llamar Anchoíta o Anchouca).

Y bueno, antes de seguir, ya sé que te tengo un poco abandonaduco; pero es que Carlitines y yo estamos tan “centraos” en este viaje y en ver “coses” y cosos (sí, sí. Y cosos. He dicho bien, sí. Porque en Huesca vimos la plaza de Toros).
Y eso, que estamos tan a lo que estamos que no tengo tiempo ni de escribir, ché.
Por eso, ahora que tengo un ratejo, te cuento:
-Llegamos a Cariñena, Ciudad del Vino, un pueblico zaragozano, centro de la región vitivinícola de Aragón.
Y ha sido aparcar el coche y salir un buen señor de una casa y comenzar a hablar.
Oye, así da gusto, maño. Encontrar gente tan maja y agradable a las 10 y 10 de la mañana. Será por ser una de las dos horas de la “Sonrisa Feliz” (la otra es a las 13:50), o porque ha coincidido así y ya.
El caso, que el maño nos ha dicho que teníamos que ir a ver la fuente de la Mora (está frente al Ayuntamiento). Porque la fuente es muy importante.
Y en las fiestas del pueblo, de la fuente de la Mora, en vez de agua, sale vino. Y la gente puede beber todo el vino que quiera.
Está bien saberlo. Aunque nosotros no somos de beber vinos.

En fin, Ramón, que después de ver el pueblo, nos hemos ido con viento fresco.
Lo sé, lo sé, a 33 grados que marcaba el interior del coche, con viento fresco no se puede ir. Pero sí. Porque hay una cosa que se llama aire acondicionado, ¿No sabes?
Bah, tú qué vas a saber. Si te has caído del guindo hace cuatro días… Que digo cuatro, si hace un par de ellos que te estrené…

Bueno. Hasta más ver, maño, majo.

LA FUNERARIA QUE TE RECIBE EN LA CIUDAD DEL AMOR (O EN LA CIUDAD DE LOS AMANTES)

Jueves, 22 de mayo de 2021.
¡Ramón, Ramón, Ramóoooon!
Asustada te escribo, desde el coche, y yendo de Daroca a la ciudad de Teruel (de la que vamos “pallá” hemos parado en este pueblo zaragozano para verlo).
¿Que por qué estoy asustada? Ay, Ramón. Porque a menos de 20 kilómetros de la capital hay un aeropuerto hasta los topes de aviones y Carlos me ha dicho…
¿Cómo? ¿Qué quién es Carlos, preguntas?
¡Otra!, ¿Quién va a ser? Mi marido, Carlitines, que “paíces” bobo, chico. O tonto, como lo que dice el refrán que eran los Amantes de Teruel, que se llamaban Juan Diego e Isabel, “tonta ella y tonto él”. Porque dicen también que murieron de amor, mira tú.

Te estaba diciendo que Carlos me ha dicho que eso es una Plataforma Aeroportuaria (un parking de aviones, vaya).
Y es que… En España, los españoles somos un caso. Gastar dinero “pana”.
Por cierto, Ramón, ¿Tú eres español? Yo creo que no. Porque tienes una etiqueta que dice Made in China. Osea, que entonces, eres chino, claro.
Pues mira que te diga: los españoles nos las traemos, pero vosotros… Tenéis unas cosas…
Bueno, te dejo. Hasta luego, pues.

Los Amantes de Teruel (Mausoleo de los Amantes). Teruel. Aragón. España. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

Ah, no te lo pierdas. Al poco de pasar el letrero de Bienvenido a Teruel me ha deslumbrado unas letras en la fachada de un edificio -así de grandes y gordas (las letras, digo)-, donde pone FUNERARIA LOS AMANTES.
Mi madre, qué buen recibimiento.
Y la pila de tanatorios y pompas fúnebres que llevamos vistos en menos de cinco minutos.

¡TERUEL EXISTE! Parque de los Fueros. Teruel. Aragón. España. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

Luego dicen, ¡Teruel Existe!
¡Cojona! Que le dejen existir en paz y no quieran enterrarla tan pronto.

SI VAS A CALATAYUD… ¡NO PREGUNTES POR LA DOLORES!

Jueves, 22 de mayo de 2021.
Hola, Ramón.
Qué días llevo, o llevamos.
Mira, lo de viajar está muy bien (te lo digo yo, que es una de las cosas que más me gusta hacer en la vida, ver mundo); pero a ciertas edades…
En serio y por experiencia, Ramón: si piensas viajar, los viajes grandes hazlos de joven y deja las chorradas “pa” cuando seas más mayor.
¿Cómo dices? ¿Que ya estás viajando conmigo? Ay, ché, pues también es verdad.

Bueno, escucha. Estamos en Calatayud. Hemos llegado por la tarde, y tarde. Por la mañana estuvimos en el Monasterio de Piedra… ¡Qué cosa más bonita!
Pero estamos… Me han salido ampollas en las plantas de los pies de tanto anda que te anda.
Y me duele hasta el alma.
Y hablando de dolores. Te cuento:
-Hace un par de meses estuvimos en Calatayud (queríamos ver el parque, pero por culpa del coronavirus nos quedamos en la misma puerta, y sin entrar). Y como tampoco pudimos entrar al Museo de La Dolores, por estar cerrado (era domingo), vengo yo de ir a verlo.
(Carlos no ha querido ir. Dice que no quiere saber nada de dolores).
¿Y sabes qué, Ramón? Que a estos maños no hay quién les entienda.

Museo de La Dolores. Calatayud. Zaragoza. Aragón. España. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

Dice la copla, o la jota, que si vas a Calatayud, preguntes por La Dolores. Y resulta que si preguntas por ella… ¡Te echan a patadas del pueblo!
Entonces, ¿En qué quedamos?

Museo de La Dolores. Calatayud. Zaragoza. Aragón. España. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

Y esa es otra. Veo en el museo un gramófono con un cartel que dice NO TOCAR. ¿No tocar? Pero si es un tocadiscos antiguo. Y es precisamente “paeso”, para tocar.
Ay, Dios mío, Ramón, ¿Tú entiendes esto?
Qué brutos, madre. Y no discutas con ellos. A cabezones no les gana ni un martillo pilón.
Así que, si vienes a Calatayud, pregunta por quien quieras, menos por esa mujer. Porque sales a palos de aquí, y lleno de dolores, mira tú.
Y “pa” dolores, los mismos, ché. Porque… Yo sí que tengo dolores fuertes de barriga y no digo ni mu.
Y es que con tanto viaje, y tanto cambiar de aguas, tengo los intestinos… No voy al baño ni “patrás” ni “palante”; ni de “lao”. Y eso que cuando estuvimos ayer en la Sierra de Albarracín fuimos hasta el nacimiento del río Tajo y bebí agua directamente del caño de la fuente. Pues oye, ni por esas. Qué problema macho, voy a eclosionar.
Ya le he dicho a mi amigo Juanito, que le acabo de llamar al móvil hace un rato para darle novedades de nuestras andanzas por ahí. Y como el hombre, además de ser muy buen amigo, es una grandísima persona, me ha dicho que no me preocupe más por esa cuestión, que él tiene unas pastillas para ir al baño que van fenomenal. Y que me las iba a mandar ahora mismo por wasap.
Y aquí estoy, maño, majo, escribiéndote mientras las espero, que están tardando un poco en llegar (las pastillas, digo). Y creo que la tardanza es debido a que en este hotel donde estamos Carlitos y yo hay mala cobertura…
¿Cómo dices, Ramón? ¿Qué si nos hubiéramos “alojao” en el Ritz y no en un hotel de mala muerte tendríamos de todo? Toma, “pos” claro. Pero es que en Calatayud no hay hoteles “Ritzes”, ni en nuestras cuentas bancarias el dineral que piden por dormir una noche en él, no te fastidia, el tío. Y si lo tuviéramos (el dineral, digo), es algo que a nadie le importa. Y menos a ti.

Y bueno, esto se termina. Y mañana llegamos a Alcorcón… Que tengo unas ganas de llegar “pa” descansar…
Aunque no sé yo cuando será eso (el descansar, digo). Antes tengo que resolver un asunto en Madrid de forma urgente. Bueno, el asunto es de la competencia de mi marido, pero voy a ir yo porque si no, veo que se queda sin resolver.
¿Que qué asunto es ese, preguntas? Ay, pues una injusticia.
¿Que cuál? Ay, Ramón, qué cotilla eres, “paíces” la Vieja del Visillo. Y eres peor que Carlitines y que nuestro amigo Juanito juntos, porque no veas… Ya me ha preguntado que quién eras tú. Y le he tenido que andar explicando… (Con lo poco que me gusta a mí dar explicaciones, “cagon” la mar…) Y cuando le he dicho que eres mi diario me ha dicho: ay, Carolineta, ¿Cómo se te ha ocurrido poner ese nombre a un diario? Ay, ché, Juanito, maño, majo, ¿Y por qué no? Le he dicho yo. ¿Acaso no tenía Ana Frank un diario y le puso Kitty de nombre? Pues yo tengo uno y le he puesto Ramón. Porque cada uno llama a su diario como quiere… ¡Cojona! ¿O acaso hay una ley que diga qué nombre sirve y cuál no?
Además, es diario, EL DI-A-RI-O, no LA DIARIA. Aunque al paso que vamos y con lo que nos lían con las “coses” a todas, a todos y a “todes”…

Y a ver, te cuento. A Carlitines no le ha traído un regalito el ratoncito Pérez (se ha quedado sin dientes). Y vamos a ir a la calle Arenal mañana mismo a poner la reclamación.
Y no quiero hablar más del tema, ni contigo ni con nadie, porque me pongo…
Venga.
Buenas noches.

A las 20:35 horas.
Calatayud, provincia de Zaragoza (Aragón – España).
Anchoíta.

RECLAMACIÓN AL RATONCITO PEREZ (PRIMERA PARTE)

RECLAMACIÓN AL RATONCITO PEREZ (PRIMERA PARTE)

Placa informativa del ratoncito Pérez. Calle Arenal número 8. Madrid. España. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

Estoy… Indignado es poco. Y de aquesta finestra…
-Finestra no, Carlitines. Se diu vesprada-. Le he corregido yo .-Finestra es ventana.
-Como sea, Carolineta-. Me contesta él para añadir al momento .-Buena estás tú: me corriges por llamar a la tarde ventana diciendo diu.
-Es que se dice diu.
-Ya, bueno. No cambies de tema y a lo que vamos.
-¡Encima!
-Debajo. Y eso, que aquesta misma tarde voy a ir al centro de Madrid, al número 8 de la calle Arenal, a poner una reclamación al Ratón Pérez. Porque de golpe y porrazo me he quedado sin dientes y todavía estoy esperando que me traiga un regalo.
-El Ratoncito Pérez solo trae regalos cuando los dientes se caen, y no cuando te los quitan. Y a ti te los ha quitado el dentista.
-¡De eso nada monada!-. Ha exclamado él .-Una vez en el patio del colegio, los niños de mi clase, en un diente de leche que se me movía, me pusieron un hilo, y tirando de él, me lo quitaron. Y cuando llegó la noche lo puse bajo la almohada y por la mañana del día siguiente tenía yo un regalito.
Y ahora, en cambio, ni regalitos ni leches.
-Llevas razón, Carlitines. Y es raro que no te haya dejado nada… ¿No será porque los de ahora no eran de leche?
-Ni idea. Por eso voy a ir a informarme.
Como se haya olvidado de mí el Ratoncito Pérez… Me “vi” a cagar en sus muelas, o en las del dentista.
-Ay, no te enfades que se te sube la tensión.
-Es que estuve pensando. Como los dientes se quedaron en la consulta del dentista… ¿No habrá ido el Ratoncito Pérez ha dejarme el regalo allí?
-Ay, ché, pues igual sí.
-Pues como sea así y el dentista no me haya dicho nada…  Me “vi” a cagar…

 

BUSCANDO LA BUENA SUERTE EN LA ROMERÍA DE SELAYA

BUSCANDO LA BUENA SUERTE EN LA ROMERÍA DE SELAYA

Trébol de cuatro hojas. España. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

En agosto de 2019 mi hermana Rosa y su novio Tino, que gustaban mucho ir de romerías, fueron a la de Valvanuz, en Selaya.
Y estando abajo, en el pueblo, porque la romería se celebra arriba, en los valles pasiegos, junto al santuario de Nuestra Señora de Valvanuz, estuvieron dando un paseuco. Y antes de subir al santuario, Tino, que allá donde iba tenía que comprar lotería, compró un décimo.

Ya en la pradera, y entre el gentío del jolgorio, Tino le dijo a mi hermana:
-Rosuca, voy a ver si encuentro la buena suerte.
-¿Cómo la buena suerte?-. Le preguntó ella.
Entonces le explicó que para que la lotería les tocara había que buscar la buena suerte. Y la buena suerte se atraía al pasar el décimo por la chepa de un giboso.
Y con la misma, Tino, se puso a buscar entre los paisanos, con tan buena suerte que vio a un giboso. Y yendo hacia él exclamó:
-¡Hooobreeeee! ¡Cuánto tiempo! ¿Cómo estás?
Y el otro, que no le conocía de nada, pero no sé si por estar en fiestas, por seguirle la corriente o por haberle tomado por loco o por tonto (o por todo a la vez), contestó así:
-Estoy muy bien, amigo.
Y Tino, que como bien he dicho, estaba buscando la suerte, aprovechó la ocasión. Y abriendo las brazos le dijo:
-Qué alegría verte. Ven aquí, caguen diez, y dame un abrazo.
Y mientras los fulanos se abrazaban, Tino le pasó el décimo de lotería por la chepa.

Pero la cosa no acabo aquí. Porque para que la lotería les tocara había que seguir buscando la suerte.
-Rosuca, ahora tenemos que encontrar a una mujer embarazada-. Le dijo Tino a mi hermana.
-¿Pero “paqué” Tinuco, “paqué”?-. Le preguntó ella.
-¿Cómo que “paqué”? Pues “pa” pasarle el décimo por la tripa. Así también se atrae la suerte.
Y entonces, buscaron y buscaron entre los paisanos vestidos de pasiegos. Y como no vieron a ninguna mujer embarazada volvieron a bajar al pueblo. Y en el pueblo, buscaron y buscaron y buscaron… Hasta que finalmente vieron a una.
Y entonces, Tino, acercándose a la mujer, así, con disimulo, hizo como que se tropezaba con ella:
-Ay, señora, perdone, perdone-. Se disculpó, al tiempo que le ponía una mano en la barriga.
-Tenga “cuidao”, hombre, que me va a hacer echar al chiquillo que llevo aquí dentro antes de tiempo.
Y así quedó la cosa.

Pero cosas de la vida, pues después de haber estado buscando tanto la buena suerte, no tocó la lotería.
-Hijo, la lotería no habrá tocado-. Le dijo mi hermana a Tino .-Pero no será porque no tocaste tú… La chepa, la tripa… Y las narices bien tocadas a mí, porque… Vaya día me diste…

ENTIERRO FORZOSO

ENTIERRO FORZOSO

Foto cedida por Juan. Albalat de la Ribera. Valencia. Comunidad valenciana. España.

Coincidiendo con la llegada de la primavera fuimos a Albalat para visitar a nuestro amigo Juanito. Y también a almorzar con él pues en Valencia el almuerzo es sagrado. Y a Carlitines y a mí… ¡Ya nos vale, ché! Porque desde que vivimos en Tavernes ni una sola vez hemos almorzado.
Y así, ¿Cómo vamos a ser unos buenos valencianos? ¡Imposible!

Ya en Albalat, sentados mi marido y yo con Juan en la terraza del balcón de su casa, comimos nuestro primer almuerzo. Y tras semejante comilona -con carajillos incluidos-, Mare de Déu, cualquiera mete algo al estómago hasta la hora de la cena.
Y no eran ni las doce del mediodía y ya nos fermentada la comida, y los carajillos, en el estómago, y en la cabeza, “cagón” la mar, ché. Porque nosotros, que no estamos acostumbrados a beber alcohol, “che nos chubió chodo a la chavecha, pero bien chubido”, ché.
Y vaya, en concreto yo, no sabía ni lo que oía, ni lo que decía ni lo que veía.
Porque, al parecer (y digo bien, al parecer, porque yo, repito, estaba sorda, muda y ciega perdida), y como al Piolín, me pareció ver a un lindo bichito posarse sobre el huevo frito del plato de Juanito.
Y creyendo que el lindo bichito era una avispa, quitándome un zapato, lo aplasté con todas mis fuerzas contra la yema amarillenta del huevo, exclamando:
-“Bais”, por ahí, lindo bichito, y so asquerosa.
Y entonces, Carlitines y Juanito, abriendo los ojos igual que los platos que estaban sobre la mesa, me miraron como quien mira a un demente:
-Ay, no me miréis así-. Les dije yo .-¿Pues no veis que os acabo de salvar de la picadura de una avispa?
Y poniéndome a bajar de un burro, los dos comenzaron a hacerme reproches: que sí esta Carolineta, mira cómo me ha puesto la camisa con la yema del huevo; que si Carola, eso no era una avispa, sino una abeja; que si, ay, “jodia”, a quién se le ocurre matar a una abeja, que como los burros, están en peligro de extinción, y sin abejas, casi que se acaba el mundo…
-Sí, hombre ¡Ahora voy a tener yo la culpa del calentamiento global y de que se esté derritiendo el hielo de los polos, no te fastidia!-. Grité .-Ni que fuera yo el toro que mató a Manolete, cojones.
Y bueno, como pude, cogí la abeja, ya muerta, de entre la yema del huevo. Y ahí me vino otra retahíla de reproches: que si solo se te ocurre a ti hacer eso… (Pues claro, por algo soy la Anchoíta del Cantábrico, y sus ocurrencias).

Y bueno otra vez, supongo que para calmar los ánimos bajamos los tres al bar de la esquina a tomar un café, y el aire. Porque yo necesitaba tomar el aire, que el café no me gusta.
Y mientras estábamos sentados en la terracita del bar tomando el aire (y los cafetucos), a Carlitos le cayó en la cabeza una cagada de paloma. Y como poco antes Juanito, que es muy chistoso, había contado un chiste de un elefante que volaba, dijo:
-Ay, Carlitos, menos mal que los elefantes no vuelan porque si volaran y en vez de cagarte encima una paloma te caga un elefante…
Y bueno. Así acabó la jornada.

A los días, dando el paseíto habitual mi marido, Juan y yo, suena el teléfono móvil de nuestro amigo:
-Ay, es mi hijo el mayor; qué querrá.
Y cogió el móvil. Y estuvo hablando con el hijo, que también se llama Juan, mira tú.
Y cuando colgó el teléfono…
Ay, ché, ¡La terraza del balcón de su casa estaba infestada de abejas!
Ay, ché. Ay, ché, ¡Ay, chéeeee! Pensé yo.
-Ay, ché, debiste matar a la abeja reina-. Dijo él.
-¡Sí, hombre!-. Exclamé yo.
-Que sí, Carolineta. Hay millones. Y ahora voy a tener que llamar a un apicultor de los varios que hay en Albalat para que traiga una colmena porque las abejas están de entierro entre las macetas de flores del balcón de mi casa.
-¡Sí, hombre!-. Volví a exclamar yo-. Van a ir las abejas holgazanas de entierro con lo vagas que son.
-Qué bruta eres, hija-. Dijo Carlos.
-Ay, yo creo que se llaman zánganos-. Dijo Juan.
-Holgazanas o zánganos, lo mismo me da que me da lo mismo. Además, son vagas “pa” lo que les interesa porque para ir a fecundar a la abeja reina no se andan con historias. Así que… Dejaros de abejas y de entierros o me subo “pal” apartamento y se acabó el paseíto, he dicho.