Vista panorámica de Thomson. Noruega. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

AHORA QUE YA NO EXISTES

No sé bien cómo empezar a escribir. Hace tanto tiempo que partiste… No solo de mi vida, sino del mundo.
Últimamente, cuando te encontraba tras la esquina de la antigua casa donde viviera años atrás, junto a mis padres y mi único hermano, te evitaba y me mostraba distante. Y tú, contraria e irónicamente, venías a mi encuentro cada vez que me veías pasar. Cualquier excusa era buena para intentar entablar una conversación conmigo… Pero por aquel entonces, era demasiado tarde.
A veces pensaba en el pasado, en nuestro pasado, y me preguntaba: ¿qué hubiera sido de nosotros si no me hubieses rechazado una y mil veces?
Tan enamorada estaba yo de ti como lo estabas tú de la que fuera vecina de nuestro mismo barrio.
Sin embargo, el paso del tiempo lo cambia todo. Y del mismo modo que nosotros cambiamos, nuestros sentimientos también lo hicieron.
Por aquel entonces, cuando el amor llamó a la puerta de mi corazón, tú lo ocupaste por completo. Fue una época tan bonita; y mucho más bonita podría haber sido si te hubieras enamorado de mí.
Pero el destino es caprichoso, y no siempre está de parte del jugador.
Y yo, por primera vez en mi corta vida, pues solo tenía quince años de edad, estaba perdiendo la partida en el juego del amor.
Recuerdo momentos de baile en una discoteca, ahora desaparecida. Fuera, junto a la orilla de la playa, estuvimos hablando una tarde de cosas sin importancia. Eras tres años mayor que yo, y con total probabilidad, debías
percibir, de algún modo, los sentimientos que tenía hacia ti.
Y bailando, bajo las tenues luces de aquella vieja discoteca, recuerdo estar abrazada a tu cuerpo, pegada a ti. Entonces, mientras escuchaba la dulce voz de un joven cantautor anglosajón, acercabas tus labios a los míos… Y me besabas con pasión.
Luego, mirándome fijamente a los ojos, simplemente sonreías.

Mosaico Nord Est GRECO. Plaza de San Pedro en el Vaticano (Santa Sede). Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

Aún guardo, en mi álbum imaginario de los recuerdos, instantes mágicos. Porque jamás olvidaré que juntos disfrutamos del maravilloso concierto que dio en Santander, nuestra ciudad natal, el grupo de música pop español
llamado Mecano.
Tampoco olvidaré la frase que, en plena actuación musical, dijiste susurrándome al oído: si estuviéramos abajo te sacaría a bailar.
¿Por qué no me tomaste de la mano y me arrastraste por las escaleras? Quizá, solo quizá, podríamos haber bailado por última vez, envueltos en un halo de especial romanticismo.
De haber podido elegir una sola canción del repertorio, hubiera elegido…
AIRE. Porque aire es lo que nos faltaría…
Ahora, nunca podremos vivirlo.
Años más tarde el tren del amor volvería a pasar por nuestra estación. Sin embargo, tú y yo, ya no éramos los mismos de antaño… Al menos yo… O mejor dicho, mis sentimientos hacia ti eran distintos.
También fue hace años que la enfermedad se apoderó de tu cuerpo. Y la muerte vino para llevarte para siempre al país del sueño eterno.
Y allí estaba yo, junto a tu familia, y junto a ti.
Nadie del ayer, ni siquiera los que decían ser tus amigos, estuvieron dándote un poco de afecto y cariño.
Desde que hicieras el viaje del no retorno hasta hoy no he dejado de pensar en ti. Han pasado tantos años desde entonces…
Que cruel y trágica es la vida para el que ha esperado. Y mucho más cruel y trágica resulta ser para quien sabe que la persona de la que se enamoró en el pasado, le corresponde cuando todo es imposible.
Los designios del amor son incomprensibles e impredecibles.
Tengo una cita pendiente contigo: he de visitarte al cementerio.
Lo sé, no tengo perdón de Dios. Hace más de una década de tu ausencia, pero Antonio, has de disculparme, no vivo en Santander.
Algún día, no sé cuándo, iré a visitarte. Lo prometo.
Aunque quiero que sepas que para verte, no preciso ir a buscar tu tumba. Tan solo tengo que cerrar los ojos y buscar tu imagen dentro de mi cabeza.
No voy a despedirme de ti, no me gustan las despedidas. Por ello te diré…
Hasta luego.
Ah, escribí un pequeño poema. Te lo he dedicado. Lo dejo aquí, al final de
esta carta. Espero sea de tu agrado. Un beso.
Carolina.

A VECES SÍ ES TARDE

La niña que soñaba con amores perfectos
vivió una adolescencia compleja.
Aislada y rezagada a un segundo plano
fue un patito feo para el chico al que amó.

Los años pasaron
el chico, tan hermoso, fue un caballero en todo momento.
Pero siguió ignorando a la que, tiempo después,
se trasformó en un bello cisne.

La juventud dio paso a la edad adulta:
hombre y mujer fue el resultado final.
Cuando el fuego dio paso a cenizas
tu corazón, caprichosamente, palpitaría por mí.

Demasiado tarde para quien…
Perdió media vida esperando.

Ahora que ya no existes
solo estás en mi recuerdo.
Y te asomas de cuando en cuando, a mi vida,
haciéndote presente en mis sueños.

No me queda nada por decir.
Pido por favor, que,
donde quiera que habite tu alma
se haya visto liberada
de la tormenta que le supuso a tu cuerpo físico
ser un perpetuo adicto
a todo lo que le destruyó.

(Dedicado al que se fue para no volver… Pues… Quedó ahogado en las aguas
de un lago artificial. Referente a la canción titulada Lago artificial de Mecano).