Vista del barco Costa Deliziosa, desde Sky Tower. Sídney. Australia. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

Carlos y yo conocimos a Blanca el año pasado, a bordo del barco Costa Deliziosa.
Blanca iba acompañada de su esposo Juanjo.
Todos estábamos haciendo un viaje de placer; un crucero que daba la Vuelta al Mundo.
(A diferencia del matrimonio, nosotros solo haríamos el tramo que atraviesa el océano Pacífico).

Carlos y yo conocimos primero a Juanjo. O mejor dicho, yo le abordé, un día del mes de febrero, reconociendo en su persona a un prestigioso escritor español: el señor J.J. Benítez.
Y al día siguiente mi marido y yo conocimos a Juanjo y a Blanca.

Debo admitir -como le admití a Juanjo-, que aunque los dos me cayeron realmente bien, la mujer caló más en mi corazón.
Ella, tan alegre, cariñosa y simpática, hablaba con una sinceridad inusual.
Ella, amable, decidida, resuelta, no parecía tener miedos.
Su fuerte carácter -aun suavizado-, me recordó al mío. Quizá el hecho de haber nacido las dos en el norte de España era un factor a tener en cuenta.

Blanca y Juanjo con Carolina Olivares Rodríguez. En algún lugar del mundo.

En aquel periodo de tiempo (corto pero intenso) en el que compartimos conversación, vinos; una cerveza, unos refrescos, le comenté:
-Blanca, noto que tu marido está triste, ¿Tiene depresión?
-No. No tiene depresión-. Respondió .-Pero sí está algo triste, y no sé por qué.
Yo tampoco lo sabía. Solo notaba su tristeza.

Y aquellos días, la alegría de Blanca contrastó y/o desentonó con la tristeza del hombre.
Meses más tarde, el motivo de aquella tristeza fue puesta a descubierto en uno de los libros que estaba escribiendo J.J. Benítez (Juanjo).

A primeros de marzo, y a bordo del barco de la naviera italiana, Blanca y Juanjo se despidieron de nosotros:
-Qué pena que ya os tengáis que bajar. Nos hemos conocido demasiado tarde-. Fueron las palabras de Blanca, horas previas a la despedida.
-Sí-. Afirmé yo. Y añadí .-Lo importante es habernos conocido.

Y minutos antes o después de despedirnos con besos y abrazos le dije a mi nueva amiga:
-Blanca, no me gustaría perder el contacto con vosotros, contigo. Te escribiré al wasap… Si te parece bien…
Y sí. A Blanca le pareció bien; tampoco quería perder el contacto.

Carlos y yo nos bajamos en Sídney; pero volvimos a coincidir con el matrimonio a la una de la tarde. Blanca nos dijo que nos pasáramos por la zona donde estarían comiendo para estar un rato más juntos.
Sin embargo, no fuimos.
Era nuestra primera visita a la ciudad australiana y queríamos aprovechar al máximo la estancia de tres días.

Por la tarde del otro día, y desde la Torre de Sídney, vimos zarpar al Costa Deliziosa… Y le dijimos un mudo “hasta pronto”.

Ya en España, de tanto en tanto escribí a Blanca. En los wasaps al móvil le informaba de la situación en España (a causa de la pandemia del coronavirus COVID-19). Y ella me mandaba fotos; y besos y corazones.
Y el tiempo fue pasando.

El día que J.J. Benítez cumple años -7 de septiembre- escribí a Blanca para felicitar a Juanjo.
Y ella me respondió, amable, cariñosa…

Cubierta del libro La gran catástrofe amarilla, de J.J. Benítez.

En octubre de 2020 la editorial Planeta publicó el último libro del señor J.J. Benítez. Se titula La gran catástrofe amarilla.
El libro es un diario de a bordo.
Juanjo, nuestro amigo, el escritor, nos dedicó a Carlos y a mí unas líneas. Y escribí a Blanca, dándoles las gracias.
-Gracias y besos-. Fue la escueta respuesta.

Y el tiempo… Pasó.
Y llegó la Navidad. Pero no les felicité. Porque ya lo había hecho el 21 de agosto, que es cuando ellos celebran el nacimiento de Jesús de Nazaret.
Y Blanca, amable y cariñosa (como siempre), me mandó una bonita imagen del belén navideño que ponen en su casa ese día.
Y el tiempo… Pasó.
Y el último día del año escribí a mi amiga para desearles un Feliz Año Nuevo 2021…
… Sin embargo… Ese año, la felicidad se estaba olvidando de algunas personas.

Y el tiempo… Pasó.
Y Blanca dejó de responder a mis mensajes. Y yo dejé de escribirle.

Y Blanca, más tarde, dejó de escribir, de leer. Y no volvería a viajar ni por tierra ni por mar…
… Pues se marchó.

A Blanca le diagnosticaron un cáncer…
… Y el 26 de enero de 2021, la mujer y compañera de vida de Juanjo, se convirtió en estrella. En una estrella eterna.

Jueves, 4 de marzo de 2021.
Escrito por Carolina en algún lugar de España.

Blanca: aquí, en la Tierra, algunas personas llamamos a otras estrellas.
La luz de esas estrellas tiene fecha de caducidad. En cambio, las estrellas en las que se transforman las personas, que como tú, os vais… Desprenden una luz que brilla (y brillará) para siempre en los corazones de los que os quieren y recuerdan.