Megam FerLó en África.

Y partí rumbo a uno de los rincones del planeta donde más diversidad de vida salvaje puedes encontrar. Un lugar de gran riqueza que no deja indiferente a ningún forastero que lo visite.
Tierra de colores salpicada por acacias y costas de exóticas playas mirando al Índico.
Atardeceres, donde las puestas de sol se convierten en una exhibición de magia, tiñendo el cielo en un sinfín de tonos rojos y violetas en cuestión de minutos, transformando el espacio en un escenario de naturaleza en estado puro.

A altas horas de la madrugada comenzamos el día, hay que estar preparado, la sabana no avisa, es intempestiva. Con un escueto equipaje y la incertidumbre de un nuevo día subimos al jeep para recorrer kilómetros y kilómetros de sabana, acacias de copa plana, baobabs, matorrales y arbustos serpenteando el paisaje árido desfilan ante nuestros ojos. Caminos abruptos, barrizales, charcos, van irrumpiendo el trayecto, el vehículo coge velocidad, el guía no repara en imperfecciones terrestres, si tienes suerte y tu cinturón no está roto, los bandazos y vaivenes en su interior serán mas respetuosos contigo.

Megam FerLó en África.

Hora de levantarse, descapotamos el techo, en apenas segundos, cámaras, prismáticos, móviles, un aluvión de pequeña tecnología ocupa el espacio interior, mientras un viento tosco y arenoso golpea y despeja mi cara, el polvo se posa y se entremezcla en mi pelo, lo enreda, lo enturbia, pero nada importa, solo el tiempo, lento y pesado esperando una señal de la naturaleza para mostrarnos algún espectáculo de magia salvaje.
No faltan los ñus y la cebras con su pijama alegre y chillón, en grandes manadas recorriendo extensas llanuras. De vez en cuando algún ejemplar solitario. De repente un pequeño grupo de avestruces se agolpan en unos metros de explanada arenosa y despejada, el jeep se detiene, momento para contemplar la exhibición de las grandes corredoras. Las mas pesadas dentro de sus compañeras las aves, de enormes alas que cambian la dirección en las carreras. Hasta 70 kilómetros por hora para poder escapar de la muerte depredadora, de potentes patadas capaces de matar a un león. Curiosamente lo machos lucen mejor vestimenta, destacando su plumaje, negro y abundante combinando con el blanco de sus alas y cola. Ellas, mas pequeñas de plumas grises y blancas, ceden discretas el protagonismo a sus compañeros.
Las vemos caminar famélicas, estilosas. Se detienen con pose elegante. Sus ojos altivos y perspicaces nos observan como esperando a terminar nuestro book fotográfico. Tras unos minutos, tímidas y pudorosas continúan su marcha.

Y cierro los ojos, imágenes infinitas, sinuosas, recorren mi mente, donde no existe la prisa, el tiempo se difumina y pierde coherencia, se pone el sol, el horizonte se desdibuja, cae la noche estrellada y limpia al compás de una orquesta, cuyos coros de diminuta fauna, se agolpan desordenados en un sonido blanco que va a acompañando a un sueño profundo y cansado. Así es ella, hermosa, intensa, viva, a veces tierna, a veces violenta… Así es ÁFRICA…

Las seis de la mañana, me despierto en ávida pereza y ásperas ganas de abandonar una cama, infinita y envolvente… Que no se me olvide el protector solar, el relec, el sombrero… Subimos al jeep, un día mas… Un nuevo día…

Megam FerLó.