Emoticono, anillos de compromiso.

Por cosas religiosas y haberme metido de niña -a fuego vivo en la cabeza- la idea de que hasta que no me casara no podía perder la virginidad, me planté en la cuarentena sin desprecintar. A esto se unió que aún no había encontrado yo un varón que me cuadrara.
Una tarde de julio, en el baile de mi pueblo, vi a un señor que me entraría por el ojo y por el corazón. Y tras un tiempecillo de andar hablando con él formalizamos la relación y le pidió la mano a mi padre para poder casarnos. Mi madre estaba encantada, como además de ser bien parecido tenía cuartos…
Pasados unos meses llegó el día del casamiento. Y tras el convite posterior vino el momento de meterse en faenas íntimas de las que yo era una completa ignorante por no entender nada de nada.

Para la noche de bodas mi novio había reservado una habitación en uno de los hoteles más lujosos de la capital. Y como el hotel está bastante retirado del restaurante donde se había celebrado el casorio y el fiestón, tomamos un taxi.
Entrando al hotel, y en la misma recepción, mi novio -ya marido- me dijo:
-Ve subiendo en el ascensor a la habitación que ahora voy yo.
Obediente, llamé al ascensor y subí. Ya en planta busqué la habitación. Entonces hubo un apagón y todo quedó a oscuras. A tientas fui palpando la pared y di con una puerta entre abierta. Pensando que dentro podría esperar tumbada en la cama hasta que viniera de nuevo la luz, la empujé y entré.
No pasaron ni diez minutos que escuché que alguien entraba y cerraba la puerta. Inocente de mí creí que sería mi marido y me mantuve en silencio. Al poco la persona se puso en la cama a mi lado.
(Lo que pasó luego no lo cuento por ser privado).

Cuando me desperté a la mañana siguiente comprobé que no había dormido con mi marido sino con un mujerón de armas tomar.
Y aquí viene mi dilema, media vida guardando el virgo… ¿Y ahora cómo le explico yo a mi marido lo ocurrido?
-Bueno bueno, tampoco hay que alarmarse tanto que esto tiene arreglo-. Fue lo que me dijo él cuando le conté.
Y yo me pregunto: ¿si esto tiene arreglo de qué me sirvió a mí llegar virgen al matrimonio?