Portada de la antología Morriña da Frouxeira.

Hace tiempo que perdí la noción del tiempo y no sé cuánto llevo aquí.
En todo este tiempo mi cabello, color azul eléctrico, se ha ido volviendo blanco. Y es por este motivo que lo he teñido de mi color natural. Porque soy un hada, y las hadas tenemos el pelo azul.
No sé cómo llegué aquí, a Valdoviño. Desde que despertara de un extraño letargo a orillas de la laguna Frouxeira, deambulé desorientada por una hermosa Tierra pintada con tonos azules y verdosos. Y en mi deambular por campos donde pastaban bellos caballos negros, observé a una mujer, menudita como yo. Estaba agachada, buscando florecillas, hojas y tréboles.
La lluvia, envolviéndome en un olor a tierra húmeda, traía consigo el aroma del mar. Y así, envuelta en perfumes -siguiendo a la mujercita-llegué a una pequeña casa. Desde entonces vivo allí, en un rinconcito secreto, a su lado.
Aunque ella aún no lo sabe.

Un monótono tac tac tac resuena a diario. Y el guau guau de una perrita rompe ese soniquete, de cuando en cuando, y sin motivo aparente.
La dueña es escritora y cocinera. De su tac tac tac surgen historias de amor.
A menudo la casita se inunda con un olor delicioso. Viene de la cocina, sale del horno.
Pienso que tanto el aparatito que hace tac tac tac como el horno, son máquinas mágicas que sirven para que Peque -pues ese es el nombre que le he puesto- fabrique sueños que luego se convierten en realidad. Porque de ellos saca novelas románticas y ricos postres. Y hace felices a sus amigos, familiares. También hace collares y pulseras: los decora con tréboles, hojas y florecillas.

Marcapáginas hecho por Chiqui Lorenzo.

Valdoviño se ha convertido en mi hogar; sin embargo, necesito encontrar mis orígenes. Y sé que hasta que no descubra cómo vine aquí o dónde está mi verdadero mundo, el Mundo de las Hadas, no alcanzaré la felicidad que anhelo. Por ello, a veces, estoy melancólica y siento nostalgia.
Guau Guau -así le digo yo a la mascota de Peque- sabe de mi existencia.
Al principio no me aceptó y venía a mi rinconcito solo para ladrar y ladrar. Supongo que me vio como una amenaza o una intrusa; ahora ya no. Sabe que soy inofensiva. Es muy buena y nos hemos hecho grandes amigas. Y me lo demuestra cuando pierdo la alegría por culpa de mis momentos tristes. Entonces hace lo posible por verme de nuevo feliz y me deja jugar con su peluche favorito…
… Por cierto, aún no me he presentado: me llamo Aurora.

Tres tardes pasadas, aprovechando que Peque no estaba en casa, Guau Guau me enseñó un libro. La portada es muy llamativa; en realidad es un cuento titulado Alicia a través del espejo. Como este cuento está en lengua gallega y yo no sé leer ningún alfabeto terrestre, la perrita tuvo la gentileza de contarme la historia. Descubrir esta insólita historia me ayudó a encontrar respuestas ¿Y si mi mundo estuviese asimismo detrás de un espejo? Aun a sabiendas que había dado con una importante pista dejé pasar una semana antes de ir en su búsqueda.

Al alba, una mañana de domingo, caminé hasta la laguna Frouxeira. Montones de patitos sobrevolaban sus aguas, otros nadaban y unos pocos más buceaban. Acercándome a la orilla me incliné hacia adelante para tocar el agua.
Tal y como había imaginado no era más que un espejismo, ya que realmente era una superficie cristalina. Sin embargo ¿Cómo era posible que los patos pudieran nadar sobre ella, incluso zambullirse en el agua? Muy fácil de explicar: es un engaño, un artificio creado por la madre Fantasía, oculto a los ojos de la humanidad. La fusión perfecta entre ambas madres (la madre Naturaleza y la Fantasía) suele recrear ambientes o espacios. Y las madres se sincronizan donde intuyen que pueden convivir, en armonía, estos mundos antagónicos.
Por eso, a partir de ahora, cada vez que vuelvas a mirar las aguas de esta laguna, todo lo verás de forma diferente.
Sin pensarlo más, puse mis pies en el agua. Caminar por el espejo acuoso fue una sensación maravillosa. Pero el objetivo estaba bajo mi cuerpo. No había dudas: allí se sitúa mi mundo.

Tras introducirme en la laguna me encontré en un lugar simétrico e idéntico a Valdoviño. Parecía la calcomanía del pueblecito coruñés, solo que, al otro lado del espejo, los colores de las cosas estaban cambiados. Y así, el azul celeste del planeta Tierra, se tornaba en el Mundo de las Hadas en miles y miles de tonalidades roseas. Y todo lo que me rodeaba -además de por su intenso colorido- se caracterizaba por poseer una luz que invitaba a soñar.
El sendero que está situado a la vera de la laguna estaba empapelado con carteles. Estos flotaban en el aire, y todos tenían mi rostro. Y encima de él podía leerse: desaparecida. Aunque se notaba que el papel era viejo, lo que significaba que quizá, había pasado demasiado tiempo desde mi desaparición.

Parada en mitad de la vereda cerré mis ojos como quien intenta buscar respuestas dentro de su corazón.
No muy lejos, el frescor y verdor de una pradera dominaba una parte de la comarca. Y más al fondo, bajo aromáticos árboles -donde abundaban los eucaliptos- un unicornio blanco dormía plácidamente sobre un césped cubierto por tréboles de cuatro hojas. Sigilosa, llegué hasta donde estaba el bello animal. Para mi desagradable sorpresa comprobé que en sus pezuñas alguien le había puesto cuatro herraduras. Aquello me horrorizaría sobremanera ¿Quién había hecho semejante barbaridad? Y tras arrancar un minúsculo trébol, me dispuse a abandonar aquel bosquecillo. Pero antes, y mientras acariciaba el suave y terso pelaje del inmaculado y mágico animal mitológico, pensé: tal vez ya no pertenezca a este mundo de Fantasía, tal vez mi vida esté en la realidad.
Había soñado muchas noches con este instante; sin embargo, ahora que se había materializado, mis sentimientos no se asemejan a los que había tenido en sueños. La melancolía y la nostalgia volvían desesperadas a mi encuentro, esta vez en forma de los nombres de Peque, Guau Guau y Valdoviño.
Después y gracias a la perrita, supe que allí, en Valdoviño, aquellos sentimientos tienen el nombre de morriña.
-Debo estar en tierra de nadie-. Dijo el hada para sí misma .-Porque soy una extraña en mi propio mundo. Aquí soy la desaparecida, y en un futuro seré la desconocida. Debo ir por el camino que me conduzca a la felicidad.
Y con la misma, Aurora, yendo hacia la orilla de la laguna, se lanzó al agua.

Cada atardecer bajo a la kilométrica playa de Valdoviño. Se llama igual que la laguna, Frouxeira.
Otras veces, yo y la perrita Guau Guau, subiendo a hurtadillas al tejado de la casa, nos tumbamos panza arriba sobre las tejas para contemplar las preciosas puestas de sol que se forman en los cielos de Valdoviño.
La hadita hace años que perdió la cuenta del tiempo que lleva viviendo en este singular pueblecito. Porque hace mucho que el paso del tiempo dejó de importarle.
Jamás regresará al Mundo de las Hadas. La felicidad para Aurora lleva el nombre de VALDOVIÑO.

(Dedicado a Chiqui Lorenzo.
Con este relato gané el tercer puesto del I Certamen Literario Morriña da Frouxeira, convocado por la editorial Editorum y Bar A Morriña.
Aurora forma parte de la antología MORRIÑA DA FROUXEIRA. El libro se presentó en Bar A Morriña, el sábado, 3 de agosto de 2019. Valdoviño. A Coruña. Galicia. España).

Artículo en el periódico La Voz de Galicia de la presentación oficial en Valdoviño de la antología Morriña da Frouxeira. Publicado el martes, 30 de julio de 2019.

https://www.lavozdegalicia.es/noticia/ferrol/valdovino/2019/07/30/presentacion-obra-morrina-da-frouxeira/0003_201907F30C6992.htm?fbclid=IwAR0XCDn1OlUJPwYMei2A6B75TeSxcDbCGUlhMVC4MpyMcXFBFUso4U