Placa CAFE MOZART Salzburg. Salzburgo. Austria. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

(Este artículo es especial. 
Lo que vais a leer es un fragmento de mi cuarto libro publicado titulado RAORAU Y EL GRAN ALERBO, segunda entrega de mi trilogía MUNDO DE FANTASÍA.
En el fragmento hay información de Mozart y Salzburgo. Espero os guste mucho.
Antes de poneros el fragmento os dejo la sinopsis del libro).

SINOPSIS 

Portada del libro de Carolina Olivares Rodríguez RAORAU Y EL GRAN ALERBO. Ilustración realizada por Nicolas Papenko.

Raorau y el gran Alerbo es el segundo cuento/libro de la trilogía llamada Mundo de Fantasía de la autora Carolina Olivares Rodríguez.
Pero… ¿Quiénes son Raorau y Alerbo?

Raorau es una hadita que vive en un lugar llamado El bosque de las Hadas. El bosque, situado en Escandinavia, es inaccesible. Por lo que ningún ser puede acceder a él.
Una mañana, un inusual trol llamado Alerbo irrumpirá en su mundo. Y le trasladará imaginariamente -por medio de sus viajes- a varios de los muchos países que hay fuera de su bosque. Países que como su bosque se encuentran en nuestro planeta, la Tierra.
Entre la pequeña hadita y Alerbo se gestará una entrañable amistad, donde no faltarán los trucos de magia ni los golpes y descalabros. También estarán muy presentes los colores, la música, los juegos, la papiroflexia y muchas más cosas; todas muy, muy divertidas.

¿Quieres introducirte en un mundo encantado y viajar de la mano de un trol que bien podría ser como un abuelo para ti? ¿Quieres aprender otras costumbres? ¿Te gustaría descalabrarte mientras haces trucos de magia? ¿Quieres jugar a imaginar que imaginas juegos? Entonces no pierdas más tiempo y comienza a leer este libro.
Te sorprenderá al tiempo que te irá robando sonrisas…¡Incluso a veces se mezclarán con tus lágrimas!

Con un final alternativo y las ilustraciones de Nicolas Papenko (de la portada y los dos planos) no dejes pasar la oportunidad de perderte en sus descriptivas y didácticas páginas.

FRAGMENTO

(…) La mayor parte de mi vida la he compartido con mis abuelos, mi madre, mi padre y una hermana y hermano que tengo mellizos, tres años mayores que yo. Hemos vivido en caravanas, yendo de un lado para otro. Y sabes qué: con esta vida de nómada he sido muy feliz-.  Alerbo, tomando un panecillo lo partió en dos, y dándole la mitad a Raorau, continuó relatando:
-Pero no siempre vivimos así. Al principio, cuando todos los miembros de mi familia y yo huimos de Escandinavia, nos asentamos un par de décadas en una pequeña ciudad austríaca llamada Salzburgo; estuvimos en ella hasta que los mellizos y yo terminamos los estudios.
Austria es un país situado en el centro de este continente; continente que tiempo ha tuvo el nombre de Europa.
Al ser el alemán la lengua oficial de Austria, tuve que aprender a hablarlo.
Aunque en la escuela también me enseñaron a leer y a escribir el austríaco, que es el dialecto que se habla en este país. Mis padres procuraron que tuviéramos una educación muy refinada, y tanto mis hermanos como yo estudiamos con ahínco para ser cultos.
¿Qué te parece la historia que te estoy contando? ¿No estaré aburriéndote?
-Qué me vas aburrir. Lo que cuentas es interesantísimo. No te pares y sigue con la historia.

Placa Museo de Mozart – Casa Natal de Wolfgang Amadeus Mozart donde vivió en el tercer piso. Salzburgo. Austria. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

-Vale, vale. Pues mira: una tarde primaveral, siendo yo mocito y, mientras deambulaba distraído por las callejuelas de Salzburgo, escuché una música que salía por la ventana de una casa ¿Si te juro que nunca había oído nada igual me tacharías de mentiroso? Alguien tocaba al piano una pieza de música clásica; pero qué manera de tocarlo y qué música. Era celestial.
Me apoyé debajo de aquella ventana y me quedé anonadado escuchándola. Y tan deleitado estaba que no me di cuenta que la persona que tocaba el piano había dejado de hacerlo y, asomado por ella, me hablaba.
-Perdone, pero… ¿Podría decirme que es lo que está haciendo usted postrado bajo la ventana que da a mi alcoba?Sin vacilar, alcé la cabeza en busca de aquella voz.

Museo de Mozart – Casa Natal de Wolfgang Amadeus Mozart donde vivió en el tercer piso. Salzburgo. Austria. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

De repente mis ojos se toparon con la cabecita de un niño de corta edad que con las manos unidas en posición de rezo sostenía su menguada barbilla con las yemas de los dedos. Debía tener los codos apoyados en el alfeizar de la ventana y desde aquella postura tan reflexiva me miraba silenciosamente con suma atención. Siempre he sido algo tímido y no supe qué contestar pues me había quedado cortado. Por ello, eché a correr -tonto de mí- y, metiéndome por un callejón que daba a la avenida principal de la ciudad, tomé rumbo hacia mi casa.
Aquel pequeñuelo al que tuve la fortuna de ver asomado por la ventana sólo unos instantes era el que había estado tocando el piano. Y el mismo que con los años, se convertiría en un célebre músico, pues aquel portento era Mozart. De aquéllas ignoraba que este muchachito llegaría tan lejos en la vida, aunque comprendo perfectamente que alcanzase la fama que alcanzó a nivel mundial: la tarde que le escuché tocar aquel instrumento musical, la música que salió por él fue embriagadora y magistral.
Respecto a mi timidez, nunca he logrado superarla del todo.
Bueno, cambiando de tercio y como ya te he comentado hace un ratín, fuimos propietarios de un circo. Me complace decirte que provengo de un linaje de artistas porque las tres generaciones de mi familia nos hemos dedicado de un modo u otro al mundo del arte. Particularmente, me decanté por el género musical; y retomando a Mozart, intuyo que, en cierto modo, este músico me inculcó el amor por esa rama artística. Criarme en la cuna de Mozart y coincidir en tiempo y lugar en esta vida con él tal y como lo hice -aquellos escasos segundos- fueron determinantes puesto que desde aquel mismo instante, algo latente que había estado durmiendo dentro de mi alma, de pronto despertó.

Panorámica parcial de la ciudad de Salzburgo. Austria. Foto tomada por Carolina Olivares Rodríguez.

A la semana de aquel suceso, es decir, de tropezar como lo hice con aquel talento, comencé a estudiar solfeo y de adulto me dediqué profesionalmente a la música.
La música es de vital importancia para mí, por eso siempre llevo conmigo tres instrumentos musicales. Aparte también he tenido otro oficio: he sido mago de profesión. Con estos dos trabajos me he ganado la vida muy ricamente y, realmente, no me ha ido nada mal. (…)

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