Carolina en el barrio de Belém. Lisboa. Portugal. Foto tomada por Carlos Llorente Peláez.

Voy a contaros tres anécdotas (de las muchas que pasan cuando viajas en crucero).
Primera: ayer por la noche -tras la cena y tomar algo- camino del camarote iba delante de nosotros un señor. Se conoce que debía de ir cagándose porque se tiró una traca de pedos bastante curiosa. Y claro, Carlos y yo que íbamos pegados a su culo, a duras penas aguantamos la risa… ¡Aquello parecía la Mascletá de las fallas de Valencia!
Segunda: esta mañana Carlitines ha ido a tomar un café al bar de la piscina y ha venido contando que hay una camarera asiática muy guapa y sus compañeros, al verla, han empezado a decir “ey, ey” en plan piropeo. Y Carlitines ha dicho: madre mía, los camareros están como cabestros.
Tercera: ayer por la tarde -poco antes de zarpar el barco- un grupo de baile danzó una muñeira y tocaron las gaitas en el puerto de Vigo y lo grabé. Justo en ese momento un paisanuco que tenía detrás se puso a estornudar y estornudar, y con tanto estornudo nos chafó el concierto. Ha de tener alergia a la muñeira, sino no se explica.
En fin, que lo estamos pasando muy bien, y nos estamos hartando de ver comer y bailar al personal.
(Os pongo una foto mía en el barrio de Belém, en Lisboa, con un par de lo que sea que sean esas cosas con las que estoy, que lo mismo son familia de los cabestros y no me he enterado).

Lo último, lo último: hace un rato, mientras desayunábamos, me he puesto a mirar la foto con los cabestros… Jolines, qué risa me ha dado. Y como compartíamos mesa con dos parejas alemanas, de verme reír a mí, se han contagiado y se han reído todos. Bueno, todos no, una de las mujeres estaba seria como un sargento semana. Entonces les he enseñado la foto y se han reído con motivo, porque claro, reírse por reír, es tontería. Pero la mujer que estaba seria no se ha reído. Solo me ha mirado con una mueca en la boca, amago de sonrisa. Yo creo que ha pensado, “española tenía que ser. Está peor que los cabestros de la foto”.
Y aquí seguimos los cuatro, felices a cuenta de los cabestros que están en Lisboa, ajenos a este jolgorio. Rectifico, los cuatro no, los tres. Porque esa mujer no parece feliz ¡Y eso que come como una lima! Ni las bestias comen así. Pues mucho ha de tener que bailar para bajar tanta comida caguen la mar.