Hoy voy a componer una balada de amor con mi guitarra acústica.
Sus letras tendrán tanta pasión que temo que el frío instrumento termine ardiendo en mis manos pues de sus cuerdas podrían brotar llamas de fuego.
Esta noche, bien entrada la madrugada, introduciré mi cuerpo en agua congelada ya que deseo convertirla en incandescente lava.
Estoy algo desconcertada: ¿estoy llorando yo o está llorando mi alma?
Desconozco quién está ardiendo: ¿arde mi corazón o es mi guitarra por tenerla arropada entre mis brazos?
No tengo claro si mi voz está quebrada por naturaleza o es que mi alma rota está saliendo por ella.
Aunque ayer estuve triste y desanimada, mañana mi amor seguirá ardiendo, igual que arde hoy; igual que estuvo ardiendo durante años.

Los corazones que se aman -tras haberse encontrado y enamorado- caminan juntos por la senda de la vida. Los dos son velas ardientes.

No permitas que se consuma la llama que mantiene encendida la pasión del amor: si algún día la vela se apaga jamás volverá a arder para ti.