Castañuelas y pandereta.

En esta comunidad de vecinos pasan cosas muy raras. O bueno, no es que pasen cosas raras: se hacen cosas raras.
Y es que, ahora mismito -a las 17:30 horas del lunes, 15 de marzo de 2020-, un hombre se está paseando por el pasillo de la última planta del bloque de enfrente, tocando una trompeta.
Y a cada cinco pasos exactos que da, da un toque de trompeta.
A lo mejor es que aún no conocemos bien las costumbres valencianas. Aunque sí sabemos que a los valencianos les gusta más un instrumento musical que a un tonto una tiza. Pero hombre, de ahí a ponerte a dar trompetadas, a la hora de la siesta, mientras recorres el pasillo…
Ya le he dicho a mi marido: Carlitines, aunque a nosotros no nos gusten los instrumentos de música, algo tenemos que hacer. Porque si no vamos a desentonar con el vecindario y nos van a mirar mal, o nos van a señalar por no integrarnos. Así que, mañana a más tardar, nos vamos a Valencia a comprar una pandereta y unos castañuelas. Y a partir de la semana que viene, después de comer, le damos a las castañuelas y a la pandereta a base de bien, al tiempo que recorremos, no uno, sino todos los pasillos de nuestro bloque y del de enfrente. Y para no ser menos que el vecino de la trompeta que va vestido con un chándal gualtrapero, tú te pones un traje de baturro y yo me visto de zíngara.
Y ea, ancha es Castilla. Porque si él toca la trompeta, tú y yo las castañuelas y la pandereta. Porque, ¿No quieres sopa? Pues toma tres tazas; que la segunda y la tercera van a ser el cante hondo y las jotas que nos vamos a marcar.
Verás tú como si alguno tenía intención de mirarnos mal se lo piensa dos veces.