Texto explicativo del verbo COGER.

La forma en la que el ser humano ha creado, desarrollado e inventado diferentes modos para comunicarse resulta prodigioso. Sí, en serio, lo es y mucho. Aunque el ser humano resulta algo más: es ingenioso.
Ahora bien, llegados a este punto, y, antes de continuar, he aquí pues que formulo la siguiente cuestión: ¿cómo es que hablando el mismo idioma y/o lenguaje, a veces y en ocasiones, no nos entendemos?
Voy a poner un ejemplo: yo soy emigrante dentro de mi propio país. Nací en Santander, provincia de Cantabria -y después de andar con la maleta a cuestas y vivir en varias ciudades españolas- fijé mi residencia en la capital (Madrid).
En Cantabria hay palabras como “perojo” “sincio” o “tendal” que de ser pronunciadas fuera de los confines cántabros se desconoce su significado. Este fue el motivo por el cual mi marido, que es madrileño, y por ende, gato, se quedó como si hubiera visto salir a una musaraña anaranjada de la pared cuando me escuchó, por primera vez en su vida, decir aquello de qué sincio tengo de chocolate. Y es que a no ser que hayas tenido una pareja de la Tierruca, osea, de Cantabria, tengas amistades allí o hayas veraneado en Santander o qué sé yo… Difícilmente podrás comprender.
Y en serio, que me expliquen si no… ¿Por qué hablando el castellano (o español) no nos entendemos?
-A ver, amor-. Comencé a explicarle a mi marido tras la pregunta ¿Qué es eso de que tienes sincio? .-Los cántabros decimos que tenemos sincio cuando tenemos muchas ganas de algo. Viene a ser como un verbo, o eso me parece a mí.
Desde entonces, cuando mi marido está juguetón (entiéndase lo de estar juguetón) me dice:
-Tengo sincio de ti.

El caso y retomando el tema del no entendimiento de vocablos hablando la misma lengua, vamos a intentar desvelar el misterio de un verbo: el verbo coger.
Durante casi dos décadas, y por cuestiones laborales, estuve en contacto con personas de todo el mundo. Ya os podréis imaginar, he tenido que escuchar y hablar con gentes de los cinco continentes y de casi todos los países.
Como es lógico, cuando el contacto era con personas del continente Americano -sobre todo de Centro América y Sudamérica- supuestamente no tendría que haber tenido ningún tipo de problemas a la hora de la mutua comunicación ¡Los huevos! Nada más lejos de la realidad. Porque no siempre les o me entendían. Y es que… O cambiaban el significado de todas las palabras o decían otras que jamás había escuchado. Aunque, eso sí, por el contexto, estas últimas, la mayoría de las veces daba con su significado.
Sin embargo, había una… Una palabra quiero decir… Un verbo, precisamente el verbo coger… La leche que me dieron qué problemático resultaba.
Oye, parecía que cometieras pecado mortal al instar, en forma de frase, aquello de: caballero, por favor, coja ese papel y rellénelo.
Aquí se formaba la de Dios. Y no te digo más si el caballero o la señora era de nacionalidad argentina:
-Qué bárbaro. Cómo dice vos semejante cosa
-Perdón-. Exclamaba yo asustada .-¿Pues qué dice usted que he dicho yo?
-Vos dijo una grosería ¡Una obscenidad! ¡Sos una maleducada! Vaya recibimiento acá, en la Madre Patria.
-¿Cómo dice usted? ¿Cómo que, qué maleducada? Pues eso digo yo también ¡Vaya recibimiento! A ver, que yo no la he insultado, señora, así que haga el favor de comportarse, por amor de Dios. Que no hay nada malo en decir coger…
La madre que me parió hasta que me di cuenta… Que fue al poco tiempo claro está, del lío que se preparaba con la dichosa palabrita y todas sus variantes en forma de cojo, coja, cojamos, cojerán…
Resulta que en ciertos países sudamericanos como en Argentina o Chile, coger equivale a los verbos follar o joder.
-Señora, pues estamos apañados, porque en España no podemos vivir sin el verbo coger, lo utilizamos absolutamente para todo-. Le espeté a una mujer argentina .-Además, no hay que escandalizarse tanto, que de ese verbo venimos todos ¡Hasta los animales! Sí sí, no me mire así, que yo de cría, cuando iba en verano a Rumoroso, mi pueblo, mi tío me decía: mira sobrina, ven, que el perro está cogiendo a la perra. Y a mí, señora, mi marido me dice que me va a coger y no pasa nada.
Pero las cosas no quedaban así, que va. Siempre me rectificaban y me decían que tenía que decir agarrar en vez de coger (que por cierto nunca pronunciaban).
Y ya por rizar el rizo, en varias vacaciones, me fui a Argentina y a Chile. Pues en Chile, mis amigos chilenos… Dale otra vez con la misma cantinela:
-Acá, cuando se va a coger algo, se dice agarrar-. Me clarificó Felipe, un amigo nacido en Chile .-Y mi respuesta fue esta:
-Pues mira, yo lo siento mucho joder pero yo en vez de agarrar el vaso lo voy a follar, que “pal” caso se me entiende igual. Así que cuando vaya a agarrar algo, yo mejor lo cojo y digo voy a follar al vaso… Si no te parece mal.
Y bueno, mal no le debió parecer porque la escandalera a carcajadas que se formó fue gorda (y no gorda de que las mujeres del grupo de mis amistades fueran gordas, no. Gorda porque sí. Y ya está).
En fin. Así es cómo se las gasta el verbo de las narices y hace que no nos entendamos aun hablando el mismo habla. Y no me digáis… Hay qué joderse con el verbo coger.
De todos modos, y como le dije a otra amiga, Izaskun, que anda por esas tierras chilenas:
-Menuda la que tenéis formada con el agarrar… Y el “cachay”-. Porque están todo el santo día ¿“Cachay”, “cachay”? Entonces me explicaron que eso de tanto “cachay” por aquí y “cachay” por allá viene de catch (que es coger en inglés). Y “cachay” viene a ser: ¿lo coges? ¿entiendes? ¿lo pillas?

Termino mi relato confesando que, a Felipe, le llamó mucho la atención cada vez que yo decía otro verbo, el verbo joder (aunque a lo mejor lo más apropiado hubiera sido haber dicho agarrar y no joder. Pero… Joder, no me jodáis… No queda nada bien. Y si no, haced la prueba).
Lo dicho… Me despido con una expresión muy nuestra, muy de los españoles: hasta luego.
… Que esa es otra (no sé si gorda, alta, delgada o canija) mis amigos chilenos, a los españoles, nos llaman los “talogo”. Porque según ellos, dicen que los españoles nos despedimos así…
Así que… “Talogo”.