A oscuras como me encontraba

no necesitaba cerrar los ojos para no ver nada.

Solo escuchaba una balada

y los múltiples acordes que salían de tu guitarra

despertaron en mí instintos pasionales;

por ello -por un solo momento- deseé

poder transformarme en aquel instrumento musical

para que así, tú,

pudieras abrazarme, acariciarme

y atraparme en tu calidez…

 

No sé cómo me abordó este banal deseo;

ni siquiera podría decir con certeza

por qué estuvo motivado.

Dentro de mi cabeza

lo único que había era un enorme cansancio

provocado por el mero hecho

de no haber dormido bien la pasada madrugada.

Y aunque el sueño estaba venciéndome

no podía dejar de imaginar

que yacía sobre tu regazo

convertida, ahora… En guitarra

imaginando que tú

eras un cantautor especializado

en tocar canciones románticas.

 

Te visualizaba sentado en un taburete

en algún lugar perdido de todos los que comprenden

nuestro grandioso mundo.

Allí estabas, apartado de la gran urbe

que evoca a la ciudad de lleva por nombre Madrid.

Mientras, tú, desde una terraza

en una isla ubicada en el lejano oriente,

una vez afinadas sus cuerdas

te limitas a tocar la guitarra que simboliza mi cuerpo;

y una luna llena y plateada

decora el telón que tienes al fondo.

 

En el mundo de mis sueños sólo estamos tú y yo.

Y solo tú puedes romper el silencio

con la mágica música que brota de tu guitarra.

Y el silencio que ayer nos envolvió

hizo que yo cerrara de nuevas los ojos al mundo real

para poder mecerme junto a ti

y dejar que, simplemente, la piel que cubre mi cuerpo

pudiera ser acariciada por las yemas de tus tersas manos.