Contemplando las moles de cemento, imagino que las has traído de dos ciudades: Benidorm y Nueva York.
Realmente, poco tienen que ver la una con la otra, salvo que están inundadas por rascacielos… Igual que lo estás tú.
Qué extraña mezcla de construcciones, es como si el azar las hubiera puesto en un ordenado desorden.

Paseando por las calles, hallo una dama diminuta rosácea llamada Libertad: es una réplica, la original es colosal y viste de color verde.

Divisando las edificaciones, imagino que la dama, saliendo de su pedestal -como si fuera Alicia en el país de las Maravillas- cambia de tamaño. Ya no es pequeñita… Ha crecido como un gigante. Está frente a los rascacielos: estos, se han trasformado en titánicas piezas de dominó. La dama va a jugar con todos ellos; solo ha de dar un pequeño empujón. Se ayudará de la antorcha que lleva eternamente sujeta en una de sus manos.

Qué majestuosa eres Libertad, qué intelectual ¿Cuál es el nombre del libro que llevas en tu otra mano? ¿Me lo prestarías para leerlo? Estoy divagando, creo. Me he desviado de lo que quería narrar.
Las grandes fichas de dominó han comenzado a caer, una tras otra; una encima de la otra. No cesan. Están inclinadas, semi tumbadas. La urbe está despejada.
La panorámica ha cobrado más belleza: las colosales torres tapaban la panorámica; la Naturaleza, el mar, su inmensidad… El horizonte.
La puesta de sol que florece aquí, ahora es tan diferente…
Eres hermosa Punta del Este; sin embargo, más linda fuiste años atrás… Cuando tu tierra estaba desierta y eras natural; pura, salvaje.