Desde que comenzara a trabajar en la portería de uno de los edificios más antiguos de mi barrio no imagináis el cambio que ha dado mi vida. Antes me pasaba los días muerto de asco, a la espera del trabajito que me sacara de la miseria. Y llegó, llegó (el trabajito, digo). Desde entonces estoy en mi salsa; y distraído. Sobre todo distraído, la de chascarrillos que me cuentan los vecinos. Más las vecinas que los vecinos. Me entero de cada cosa….(Es que son unas cotillas de mucho “cuidao”).
En el edificio hay cuatro pisos y en cada piso hay dos viviendas.
La casa está hecha una pena. Yo creo que debieron construirla en tiempos de Carracuca. No tiene ascensor, y el actual presidente de la Comunidad -que vive en el tercero izquierda y enviudó hará año y medio- anda haber si convence a la vecindad para instalar uno. Pero claro, como el dinero escasea por falta de fondos y cada vecino tendría que pagar una derrama de unos dos mil y pico euros. Joder, que digo yo… Bueno, que no es que lo diga yo, me lo dijo la solterona del segundo derecha:
-Es que “paeso” mejor que tiren la vivienda abajo y hagan una nueva porque vamos ¡Dos mil y pico euros! Cerca del medio millón de las antiguas pesetas. Ahí es nada.
-Mecachis, con lo “apurao” que ando yo últimamente ¿De dónde piensan que lo vamos a sacar?-. Me preguntaría la semana pasada el cura que vive en el segundo, puerta con puerta con Inés, pues así se llama la solterona.
-Qué sé yo-. Le contesté-. Ni que fuera adivino y adivinara las cosas. Porque a ver padre, de serlo, ya habría adivinado los números de la lotería y no estaría aquí dale que te pego a la escoba y a la lengua-. Pues no véais cómo se puso el tío. Oye, casi me da una ostia. Y no una de las que da él en misa, no. Una de las otras, de las que se dan así, con la mano abierta. Vamos, la típica “guanta” de toda la vida de Dios-. No se ponga así conmigo-. Le dije-. Recuerde que usted es hombre de bien. Además, “paque” lo sepa, de tocarme la lotería algún día, qué se cree, que no colaboraría yo con este asunto del ascensor. Pues colaboraría, colaboraría, con mucho gusto además-. Aquí la criatura del Señor cambió de actitud. Parecía otra persona. Y viéndole con el nuevo talante aproveché a decir (que maldita la hora que dije “na”)-. Lo malo es que nunca juego a la lotería…-. Desde entonces el cura no me habla y murmura cosas a lo bajini cuando pasa por mi lado. Espero que no me ande echando maldiciones. Como me entere yo que hace eso… Vamos, me falta tiempo para hablar con una prima que tengo en el pueblo. Esa sí que es medio bruja y puedo pedirle que le ponga dos velas negras. Amigo, que no ande con juegos conmigo, porque como me mosquee y le diga algo de esto a mi prima (con lo que me quiere la chica, que hasta anduvo “enamora” de mí) no le pone dos velas, que va: le pone dos docenas y entonces… Caguen la leche que me dieron, se caga la perra y el cura este se entera de lo que vale un peine, que de seguro no sabe a qué precio están los peines porque está calvo como la madre que me va a parir a mí cuarenta veces.
Pero mirar, me meten en cada lío… Los vecinos digo. O lo intentan. Menos mal que yo estoy a lo mío y no me dejo, que sino…
Esta misma mañana, mientras barría el portal, no me viene la del cuarto izquierda, que por cierto, tiene cinco hijos y está embarazada de gemelos o mellizos, que ni lo sé ni me importa. Bueno, a ver, algo me importa. Ya intentaré averiguar… Pues eso, no me viene con la cantinela:
-Oye portero, te voy a decir una cosa: a ver si te esmeras un poco más con el barrido y el “fregao” que no veas cómo huele en los rellanos.
-Pero mujer, si me esmero. Y los barro y friego a fondo ¿No será que usted, con la cosa del embarazo, tiene las hormonas de la pituitaria alteradas y le llegan olores que ni existen?
-Oye ¡A mí no me faltes el respeto ni me contestes así que te denuncio!-. Gritó amenazante como una energúmena. Y es que con esta vecina en concreto hay que andarse con mucho ojo, su marido es guardia civil, y si ella tiene malas pulgas, el marido ni te cuento.
Y bueno, como os decía al principio, me entero de unas cosas… Resulta que la vecina de puerta del viudo del tercero es una cochina. Al menos eso dice la que vive debajo de ella, la soltera, Inés.
-Pues qué quieres que te diga-. Le dije yo la otra mañana al joven estudiante que vive en el primero derecha, un heavy de medio pelo-. A mí no me parece que sea cochina.
-No, ni a mí-. Contestó él.
-¿No será que la Inés la tiene envidia? Como es tan guapa y tiene tantos pretendientes, y no veas que olor deja al pasar. Huele a gloria bendita. No sé porque dicen que es una cochina… Pero si cuando pasé yo a su casa la semana pasada para mirarle el grifo de la cocina porque goteaba, me caguen, la tenía como los chorros del oro de lo limpia que estaba, coño.
-Sabes que pasa, que esta muchacha es algo ligera de cascos y por las noches sube a chicos al piso. Y claro, eso da que hablar aquí y por eso la critican y…-. La conversación se interrumpió porque escuchamos unos pasos bajando por las escaleras: eran del padre de familia del cuarto. Y con la cosa de que es militar y lleva siempre ese semblante tan serio, nos quedamos callados.
-No sé por qué os calláis ¿Es porque aparezco yo? Pues yo no me como a nadie-. Dijo con su voz grave. Y añadió-. Y sí, esa vecina, por muy limpia que tenga la casa y muy bien que huela, es una cochina. Porque como ha dicho el muchacho, por las noches mete a hombres a su casa. Hace tres días sin ir más lejos metió a un negro ¡Qué vergüenza, a un negro! ¡Dónde se ha visto eso! Y el fin de semana trajo a otro que estaba tatuado por todas partes. Y a las tantas de la madrugada de ese día estuvo retumbando todo el edificio porque esa mujer y el tatuado estuvieron chillando como locos. A saber qué anduvieron haciendo. Vaya que si es una cochina. Vamos, que si no lo es, mis cojones son claveles-. Y con la misma, salió dando un portazo.
-Bueno, bueno, yo tengo que irme, que ando con prisas-. Dijo despidiéndose de mí el joven. Pero antes dijo así-. Que sepas que el picoleto no ha mentido si no, habla con el cura, que cada vez que se cruza con ella se santigua. Aunque… Ay que joderse con estos vecinos: los que más tienen que callar son los que más hablan de los demás. Porque sí, sí, mucho habla este de la vecina, pero en el asunto del meneo su mujer y él no se quedan cortos. Mira la cantidad de hijos que tienen, como sigan así forman un equipo de fútbol. Pero claro, como ellos están casados y la otra está libre como un taxi y anda “parriba” y “pabajo” con unos y con otros. Pues eso, que le preguntes al cura. Dice que es una pecadora y que va a ir derechita al infierno. Otro que también baila, mucho santiguarse y mucho niño muerto y resulta que se entiende con la solterona y andan viéndose a escondidas. No, si… Aquí no se salva ni el Tato. Pregúntale, tú pregúntale cuando le veas. Esta faltó de dinero y muy “preocupao” por la puta derrama, claro, como se tuvo que gastar no sé cuánto en pagarle un aborto a la otra… De ahí lo del niño muerto de antes.
-¿Y ese niño muerto de dónde dices que salió?-. Le pregunté yo.
-Joder portero, a veces pareces tonto.
-No, coño, que me pierdo. Dime a ver, de dónde salió.
-De ninguna parte, que no le dejaron. Aunque yo me entiendo. Y bueno, me voy a callar que estoy hablando de más, que yo también tengo lo mío como para estar hablando de los vecinos del demonio. Pero cuando le veas, pregúntale. Tú, pregúntale… Luego él ya te contestará lo que le interese.
-Ah, pues sí, pues sí, que me pica la curiosidad. Y ya le preguntaré yo…
Y en esas estoy, en preguntarle, que no sé yo, como la cosa está tan negra porque aun no me habla.
En fin ¿Os digo algo? Que me he dado cuenta que ya no voy tanto a lo mío y me he vuelto igual de cotilla que las vecinas. Así que a ver si dejo de meterme en líos. Por culpa de andar con líos con el cura ahora estoy en ascuas y ni duermo por las noches porque todas estas historietas me tienen en un sin vivir.
Maldito trabajo, con lo a gusto que vivía yo antes de llevar la portería esta…
Que sí, que sí, lo reconozco: donde dije digo, digo Diego.
(Escrito por La Anchoíta del Cantábrico, osea yo, Carolina Olivares Rodríguez. Reservados todos los derechos de propiedad intelectual a la autora).
Foto extraída de Google.