“Los resultados nos hacen pensar que estamos delante de una enfermedad llamada Esclerosis Múltiple”.
Así, cual jarro de agua fría, es como el actor malagueño Dani Rovira -quien encarna al protagonista real de la historia cuyo verdadero nombre es Ramón Arroyo Prieto- recibe de boca de la especialista, en un momento dado de la película 100 METROS, la noticia de que a sus treinta y pocos años padece una enfermedad autoinmune del Sistema Nervioso Central; con el hándicap añadido de ser, al menos hasta la fecha, crónica, degenerativa e incurable.
La película, basada en el libro autobiográfico escrito por Ramón titulado RENDIRSE NO ES UNA OPCIÓN, incluye unos ingredientes ficticios, pudiéndose decir que cobran vida en el personaje del suegro de Ramón, cuyo papel es interpretado por el actor Karra Elejalde.
100 metros narra la historia real, de una persona, un hombre, Ramón, quien prácticamente de la noche al día pasa de pensar” yo puedo con todo” a “todo me puede a mí”.
Tras el diagnóstico, Ramón inicia tratamientos con el fin, entre otros, de ralentizar el proceso degenerativo de la cruel, devastadora y dolorosa enfermedad, y poder prolongar, al máximo en el tiempo, los temidos brotes típicos de la dolencia. Brotes que conllevan a los escleróticos -puesto que ese es el nombre con el que se define a los que han sido diagnosticados de esclerosis múltiple- a sufrir más intensamente una serie de síntomas entre los que se encuentran: adormecimiento y/o sensación de acolchamiento en diversas partes del cuerpo, falta o pérdida de concentración; mareos, vértigo; problemas de coordinación, visuales…
De hecho, el brote, que puede ser motor o sensitivo, pudiera dejar importantes secuelas.
Padre de familia de dos niños pequeños, la mujer de Ramón, Inma (papel protagonizado por la actriz Alexandra Jiménez) empatiza al instante con su marido y con la nueva situación, al punto de hacer suya la enfermedad y manifestar, al referirse a ella, “un nosotros”, “porque no hay un yo sino un nosotros”, “la enfermedad la padecemos los dos”.
La nueva realidad deberá ser aceptada y asimilada por Ramón. Pero antetodo habrá de aprender a convivir con la enfermedad.
El diagnóstico ha supuesto un punto de inflexión; sin embargo, tras verse impedido para caminar como antaño por culpa de las secuelas de un brote y ser, por decirlo de alguna manera, recriminado por su suegro por su actitud desganada y pasiva, decide salir de casa e intenta caminar los 100 metros que separan, el portal de su vivienda de la boca de metro más cercana.
Recorrer esos 100 metros suponen el segundo punto de inflexión. Y esto, le llevará a plantearse lo siguiente: rendirse no es una opción. Si he podido recorrer 100 metros ¿Por qué no podría ser capaz de terminar un Ironman?
Y ese será el gran reto de Ramón: prepararse a fondo para poder completar el Ironman, que se compone de tres pruebas: natación (3,86 kilómetros a nado), ciclismo (180 kilómetros en bicicleta), atletismo (42,2 kilómetros de carrera a pie).
Aquí es donde entra de lleno en escena el padre de Inma. Él se encargará de entrenar a su yerno. Aunque para ello va a emplear un método un tanto peculiar.
100 metros es algo más que una dura historia de lucha y superación ante la adversidad, esta vez en forma de enfermedad. 100 metros es la historia de un héroe que ha servido de inestimable ayuda a familiares y enfermos de esclerosis múltiple, que, ante las sombras de lo desconocido encontraron un atisbo de luz.
Ramón Arroyo Prieto, primero con su libro, luego en la gran pantalla, ha conseguido que muchos escleróticos no se vieran solos ante la enfermedad; y que los que estaban al borde del abismo no sucumbieran a él porque su historia, transformada en palabras, les ha dado el apoyo que, por más que buscaran, no encontraron.
En lo personal, aunque ya lo hice en su día y él lo sabe, le agradezco y agradeceré eternamente que escribiera su historia y la hiciera pública. Porque fue gracias a Ramón, que mi marido, enfermo de esclerosis múltiple, no cayera en el pozo donde todo deja de tener sentido.
Cada cual es el héroe de su propia historia, y a su vez, cada cual tiene un héroe favorito.
Y por ende, todos tenemos nuestros particulares 100 metros que recorrer. Si los caminas junto a las personas que amas, por muy duros que sean los metros, siempre serán mucho más llevaderos.